La pandemia protagonizada por la covid-19 está alimentando día tras día una sensación de agotamiento psíquico del que poca gente es capaz de librarse. Algún amigo utiliza el término depresión social para describir el estado de ánimo que le rodea. Yo voy a ser más comedido y voy a emplear el término fatiga social, que es menos contundente.
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| Foto: noticiasdegipuzkoa.eus |
Las noticias diarias sobre el virus, todas ellas negativas, van horadando nuestra capacidad de resistencia y de resiliencia, nos van apartando de la alegría de vivir para acercarnos a un pesimismo de la inteligencia y de la voluntad, una especie de cataclismo social imparable.
Las unidades de cuidados intensivos, de las que no se nos facilitan imágenes, son un campo de batalla en las que la ciencia y la medicina intentan derrotar a la enfermedad con variada fortuna. Las residencias de mayores siguen siendo uno de los eslabones débiles de la cadena de cuidados. Sufren por la enfermedad, pero sobre todo sufren por la soledad de unos aislamientos contraproducentes para todo el mundo, pero especialmente para las personas más vulnerables como ellas. Los ambulatorios se han convertido en salas monotemáticas, donde tan solo se atiende a los pacientes con covid, dando a entender que los demás pueden esperar, aunque padezcan dolencias graves.















