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2017/01/31

Abrir espacios por la izquierda

Acaba enero con la sensación de que el terremoto Trump lo invade todo, pero la vida sigue lejos de la metrópoli estadounidense. No hay demasiados debates de ideas, en todo caso menos de los que se necesitan, pero alguno hay. El partido Sortu asiste a su segunda fundación en muy poco tiempo, lo que por un lado quiere decir que algo se ha hecho mal, pero por otro que hay capacidad de enmendar los errores. Diferentes ideas han salido a flote, en especial la de una República Vasca que signifique un paso adelante en el proceso soberanista. Una república, que a tenor de lo dicho por sus portavoces, puede que en vez de una sean tres, dadas las diferentes etapas que se viven en las distintas divisiones administrativas en las que se encuentra el país. Hablaremos próximamente de la cuestión. 

2016/11/10

Defensa del común

¿Nos encontramos ante el fin de las ideologías como han pregonado durante estos años algunos intelectuales modernos? ¿O asistimos al definitivo desplome de la izquierda política, como alternativa al capitalismo liberal dominante? ¿Las dos cosas a la vez? Da la impresión de que la batalla de las ideas, incluso la del lenguaje, están siendo perdidas por las fuerzas que, al menos en teoría, intentan cambiar el estatus quo. No obstante alguna esperanza queda tras leer el reciente artículo del secretario general del sindicato ELA, Txiki Muñoz.

La izquierda, en su afán por ocupar espacios limítrofes con la derecha, puede acabar sustituyendo a ésta, pero haciendo idénticas políticas. Entonces, ¿para que se necesita realizar ese viaje? Una izquierda timorata, sin agenda social, incapaz de marcar una estrategia decidida hacia la hegemonía cultural y social no tiene sentido.

2013/02/26

Desapuntes soberanistas

Joxerra Bustillo Kastrexana, periodista
En muchas ocasiones lo que resulta más evidente logra esconderse como el más preciado de los secretos. En esta sociedad del conocimiento, dominada por las nuevas tecnologías de la interacción, tan solo somos capaces de apreciar lo que se nos pone delante en forma de grandes titulares, fotografías espectaculares o videos simpáticos. Entre tanto, quienes mueven los hilos detrás del gran tinglado continúan su labor sin mayores contratiempos. Así, los jóvenes de hoy en día se creen protagonistas de un mundo nuevo, ajeno a la historia del país, que en muchos casos ignoran. Desconocen que muchas cuestiones que protagonizan la actualidad y muchos de los agentes que les dan cuerpo remontan sus orígenes a varias décadas atrás.

Si contemplamos nuestro mapa político, nos encontramos con actores de amplia trayectoria. En la CAPV gobierna EAJ-PNV, un partido nacido en el ya lejano 1895. En la CFN tenemos en el Gobierno a UPN, un partido relativamente joven, pero heredero directo del tradicionalismo foral, de sectores del carlismo rancio y de los residuos del franquismo. Otro partido crucial es el PSOE, fundado en 1879. Si nos fijamos en el mapa sindical, la UGT se fundó en 1888. El principal sindicato vasco, ELA-STV, se remonta a 1911. Hace dos años celebró su primer centenario y hace pocas semanas su congreso número trece. Un congreso desarrollado en un clima de unanimidad. Sin grandes novedades, salvo la creación de una secretaría para el desempleo, la central se ha reafirmado en su estrategia. Ha interpelado a instituciones y agentes políticos y sociales y se ha vuelto a erigir en agente central del escenario sociolaboral vasco, subrayando su autonomía frente a instituciones y partidos.

La reivindicación de autonomía no es un tema baladí para ELA. La insistencia en ese punto viene dada por el pecado original de su hecho fundacional ligado al PNV y a sectores de la Iglesia católica, así como a la larga trayectoria de acompañamiento al partido fundador. Otros agentes sociales no reniegan de sus orígenes, así la UGT respecto del PSOE, pero en el caso que nos ocupa resulta determinante para su actual estrategia dejar clara su no dependencia del árbol ideológico del que procede.

ELA-STV muestra su intención de colocar una muga entre lo político y lo sindical, renegando a un tiempo de sus periodos de dependencia hacia el mundo jeltzale o de sus pinitos como partido-sindicato allá por los sesenta, cuando se hacía llamar ELA-MSE. Cuando la dictadura concluyó, la nueva mayoría que reunificó el sindicato optó por la actividad exclusivamente sindical, pero no rompió del todo sus lazos con el PNV, cuya dirección bendijo de hecho la nueva ELA surgida de las asambleas de Euba y Eibar. El papel de apoyo entusiasta al Estatuto de Gernika de 1979 así lo certifica.

El reparto de papeles entre partido y sindicato siguió funcionando de forma acordada hasta finales de los años ochenta, en los que se produjo un cambio decisivo al frente del sindicato. La nueva dirección protagonizó un aggiornamento que desembocó en 1997 en «El Estatuto ha muerto» solemnizado en Gernika, coincidiendo en el tiempo con el apoyo a la unidad de acción con LAB y el posterior proceso de Lizarra-Garazi. El sindicato experimentó un nuevo recorrido en el que se acercó al soberanismo, teorizando toda una estrategia en la que otorgaba un lugar central a los agentes sociales. Una estrategia sustentada en el documento «Apuntes para un proceso soberanista» y posteriores, pero que no se ha visto trasladada a la acción cotidiana de la central.

Al contrario, en los últimos años, paralelamente al desarrollo del complejo proceso de ciaboga protagonizado por la izquierda abertzale, ELA parece tender a un repliegue basado en la vuelta a lo puramente sindical, dejando el resto en manos de los partidos políticos y abanderando a la vez una especie de «revolución social» sin anclajes sólidos en su afiliación. Un repliegue en el que se producen algunas coincidencias con posturas adoptadas por el PNV. Que sean tan solo eso o respondan a algo más elaborado es algo que hoy por hoy no podemos dilucidar.

Lo que sí podemos apuntar son algunas de las posiciones del sindicato que se asemejan a las del partido. En primer lugar resulta muy significativo que dentro del espectro abertzale y/o nacionalista las dos únicas formaciones que no hayan suscrito el llamado Acuerdo de Gernika sean precisamente PNV y ELA-STV. Puede que las razones para no hacerlo sean divergentes, pero el hecho es que ninguno de los dos agentes ha firmado. La causa última puede estribar en que, según ellos, detrás de dicho acuerdo estaría la izquierda abertzale y firmarlo reforzaría las posiciones de esta.

Otra coincidencia entre ambos agentes se refiere a la crítica sostenida a la política llevada a cabo por Bildu allá donde ostenta responsabilidades institucionales, como en Gipuzkoa. Dejando a un lado los aspectos criticables de la política institucional de la coalición, que quien esto suscribe puede compartir desde la autocrítica, es evidente que la contundencia que ha utilizado ELA en sus descalificaciones no se corresponde a la empleada en otros territorios respecto a PNV o PP. Coincide en ello con la postura del PNV de Gipuzkoa, especialmente ácida. De forma implícita, ELA defiende su posición argumentando que la entrada de la izquierda abertzale en las instituciones ha sido negativa para la unidad de acción sindical, dando por bueno que el periodo de ilegalización era más fructífero para dicha entente.

Nadie pretende que ELA aplauda todas las medidas adoptadas por Bildu, ni mucho menos. De lo que se trata es de que el sindicato despeje las dudas sobre su supuesta estrategia soberanista, ya que si se empeña en deslegitimar las acciones de Bildu, difícilmente podrá sostenerse el desarrollo de un bloque político-social soberanista con la izquierda abertzale en su sentido más amplio. Y si no es así, ¿con qué socios piensa construirlo?

De hecho, ligado a este punto nos viene el tercero. Todo hace pensar que la estrategia central de ELA en torno a la soberanía está en estos momentos en situación de stand-by, es decir, sigue encima de la mesa, pero en la carpeta de asuntos pendientes. La resoluciones de su último congreso se limitan a recordar anteriores pronunciamientos, como el de 2007, sin aportar novedades. Ni se dan pasos tangibles hacia una conjunción de fuerzas, ni, vista su actual imposibilidad, se plantea tirar del carro soberanista, aunque sea en solitario. Resulta al menos chocante que en la ponencia de su reciente congreso se afirme que «el principio de no subordinación del sindicalismo al poder institucional y a los partidos políticos es un principio absoluto». Un principio que no ha seguido en buena parte de su larga historia.

En ese sentido, la reiterada exigencia a LAB para que no subordine su política a la formación política con la que comparte objetivos estratégicos no deja de ser una condición, hoy por hoy, imposible de cumplir, y el sindicato mayoritario lo sabe de sobra. Por lo tanto, condicionar de esa forma a su único socio posible significa apostar a futuro por la no conjunción de fuerzas.

La dirección de ELA reniega de sus orígenes y de buena parte de su dilatada trayectoria al alimón con una organización política conservadora, al afirmar en su ponencia que lleva «décadas negándose a participar en ninguna iniciativa que tenga el menor tinte electoral partidario, renunciando a ser masa de maniobra de ninguna opción política». Se trata, a fin de cuentas, de un enroque en toda regla y de una posición de principio y, por ende, inmovilista.

Además, la actual teorización de ELA ha sustituido el fetiche de la lucha armada de ETA, que ya no les funciona a modo de disculpa, por la interesada teoría del hegemonismo político que se disputarían entre el PNV y la izquierda abertzale. Ante esa disputa, el sindicato aboga por una tercera vía, que le permite no posicionarse, pero sí mantener su influencia política.

El sindicato mayoritario, que ha mantenido una trayectoria teñida de política a lo largo de su historia, se atrinchera ahora en una postura de apoliticismo extremo, achicando aguas a la corriente soberanista que tanto proclamaba mientras la lucha armada era una realidad en nuestro país. Parece renunciar así, de hecho, a tomar parte en un proceso y un proyecto soberanista encaminado a la construcción de la nación vasca.

[Artículo publicado en Gara, 2013-2-25]

2012/11/12

Huelga no es sinónimo de panacea

Este miércoles está convocado en el Estado español un paro de 24 horas, al que casi todo el mundo llama huelga general cuando no lo es, por los sindicatos CCOO y UGT, y al que se han adherido algunos otros agentes como CNT, ESK, IU, Aralar o diversos colectivos sociales. La convocatoria oficial va contra los recortes y las reformas económicas, aunque los grupos minoritarios han añadido otra serie de reivindicaciones propias. Los sindicatos ELA y LAB no se han sumado al paro.

Lo primero que cabe decir ante este paro es que quienes lo convocan están en su derecho de hacerlo. Sobran razones para realizar una huelga de 24 horas, e incluso de mayor extensión. Cuestión distinta es que sea obligado sumarse al mismo, simplemente porque la situación sea difícil. Es necesario delimitar los fines de la acción de protesta y sopesar cómo han gestionado los convocantes huelgas anteriores.

En segundo lugar, el contexto es el que es. Venimos de una convocatoria de huelga en el mes de marzo, unida a la que la mayoría sindical vasca realizó el pasado mes de septiembre, la cual, dicho sea de paso, fue ninguneada por los convocantes de la actual. Repetir las convocatorias de huelga de forma contínua puede llegar a ser perjudicial para los intereses del movimiento obrero, sobre todo si la gestión de las mismas no es coherente.

Hay que reconocer que se extiende entre la clase trabajadora una doble convicción. Por un lado, que la huelga acotada a un día no es efectiva para parar a patronales y gobiernos neoliberales, como se está viendo en Grecia,  y unida a ella, que la pérdida salarial que comporta, si se repite cada poco tiempo, se nota en las economías familiares.

En resumen, no se vive un ambiente de entusiasmo a la hora de responder a la convocatoria, ni a ésta ni a las anteriores. Un ambiente en el que también incide directamente el miedo de muchos trabajadores a perder el puesto de trabajo. Y ahí entramos en otra de las grandes contradicciones de este tipo de protestas, y es que los miles y miles de desempleados no pueden sumarse a la huelga por carecer de empleo. Ahora bien, sí que pueden adherirse a las movilizaciones que completan las diferentes convocatorias.

He leído con interés opiniones en prensa e internet de sindicalistas, políticos o expertos, argumentando que el 14N es una buena oportunidad para protestar. Estoy de acuerdo. Pero también lo era el 26S y en ese caso no se les oyó tanto. En realidad, tal y como están las cosas, cualquier fecha es una buena oportunidad para protestar, pero el asunto es cuál es el objetivo de la protesta y qué se va a hacer al día siguiente de la misma. La huelga por la huelga no es una panacea.

Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo
La trayectoria pactista de CCOO y UGT está fuera de toda duda. Han contribuido a estampar su firma en muchas de las reformas laborales que se han venido produciendo en las últimas décadas y, en general, han tenido buena parte de culpa en la derrota estratégica de la clase obrera. ¿Se puede olvidar todo ese bagaje de un día para otro, solo porque el 14N es una oportunidad de protestar? ¿Se puede dejar a un lado la política vergonzosa de estas dos centrales en Nafarroa, marginando a ELA y LAB y yendo de la mano de patronal y gobierno de UPN?

No se trata de cobrar facturas atrasadas, sino de practicar el sindicalismo con un mínimo de coherencia y honradez. Nadie puede asegurarnos que el 15N los secretarios generales de CCOO y UGT no estén esperando ser recibidos por la ministra de Empleo y el presidente de la CEOE para consensuar una nueva vuelta de tuerca en pensiones, jubilaciones, contratación laboral o subsidios de desempleo. Esos dos líderes sindicales y sus respectivas ejecutivas se han ganado la desconfianza de muchos miles de trabajadores, para que ahora quieran maquillar su imagen con una convocatoria de huelga lanzada sin convicción, sin ambición, más que nada para cumplir el expediente y seguir aburriendo a los trabajadores con su mantra sobre la necesidad de realizar un hipotético referéndum sobre las reformas.

Posdata: En otra ocasión trataremos sobre la eficiencia práctica del paro de 24 horas como herramienta de combate obrero y sindical. Si es necesario alargarlo por un mayor periodo de tiempo o si habría que activar otros tipos de protesta que pusieran en apuros a los responsables de tantos y tantos atropellos contra el estado del bienestar y las conquistas sociales obtenidas en base al sufrimiento y la lucha de la clase trabajadora.

2012/07/03

Política y contrapoder

"En nuestra opinión, no existe otros camino para la defensa de los intereses de clase que la movilización social, el reforzamiento de las organizaciones de contrapoder, la consolidación de alianzas sindicales y sociales con capacidad de propuesta alternativa y la interpelación no subordinada a la política". Este es, en resumen, el programa de acción del sindicato ELA-STV anunciado en prensa la pasada semana por su máximo dirigente Adolfo Muñoz.

Un programa que, a bote pronto, acerca ecos de organizaciones izquierdistas, incluso diría que revolucionarias. Pero que nadie se asuste, estamos hablando de un sindicato convencional, afiliado a la CES y a la CIS, y que a lo largo de sus cien años de existencia jamás ha practicado el aventurerismo, sino todo lo contrario.

Es más, si examinamos más a fondo el escueto programa, contemplaremos con más nitidez la verdadera esencia del mismo. El primer componente es la movilización social. Reciente queda lo ocurrido en la Administración de la CAPV. La espantada de ELA y STEE-EILAS fue de las que delimitan el campo de juego para próximas ocasiones. Si cuando las reformas para recortar derechos laborales se acrecientan la respuesta sindical mengua, la receta de la movilización social queda vacía.

El segundo elemento troncal que cita Muñoz es el reforzamiento de las organizaciones de contrapoder. Ante esta rotunda afirmación, habría que preguntarse cuáles son esas organizaciones de contrapoder. En un contexto general serían aquellas organizaciones que planteasen un proyecto radicalmente opuesto al actual entramado político-institucional. En el contexto de ELA, se trataría de afiliarse al sindicato, autoproclamado como de contrapoder desde la aparición del famoso ensayo de Paco Letamendia.

La tercera pata del banco que anuncia Muñoz habla de la consolidación de alianzas sindicales y sociales con capacidad alternativa. Las buenas intenciones se demuestran andando, haciendo un camino conjunto. Hace medio año que el propio Muñoz dio por rota la unidad de acción con LAB en base a confusas razones socio-políticas, relacionadas con la llegada de la izquierda soberanista a las instituciones. Repetir el mismo discurso de siempre, cuando la práctica cotidiana es la contraria, acaba por convertirlo en hueco.

La dirección de ELA, desde los tiempos de Elorrieta, ha mantenido en primer plano de su acción político-sindical el mantra de "ETA sobra y estorba". Curiosamente, apenas dos meses después del anuncio de cese de la actividad armada de la organización clandestina, el sindicato mayoritario decide acabar con la conjunción de fuerzas con LAB.

Sostiene Muñoz como cuarto eje vertebrador de su programa de acción la interpelación no subordinada a la política. El mensaje es claro y, además de nítido, presenta un tinte reaccionario. La traducción para que todo el mundo lo entienda es que ELA contempla la crítica a las instituciones sin tener en cuenta quien las gestiona. Para Muñoz no existe diferencia apreciable entre PNV, PSOE, PP y Bildu, por tanto hay que desacreditar a todos por igual.


Quien esto dice es la misma persona que ha defendido con insistencia, desde la secretaría general de su central, la necesidad de puesta en marcha de un proceso soberanista, de una acumulación de fuerzas, una vez que ETA se retirara de la escena. Todo el mundo sabe que esa agrupación de agentes soberanistas se llama Bildu-Amaiur, y que sus componentes coinciden en su programa político con lo que dice defender ELA. Entonces, ¿a qué estamos jugando? ¿Con quién quiere hacer ese proceso el sindicato mayoritario? ¿Quiere, verdaderamente, llevarlo a cabo?

Lo del tinte reaccionario viene a cuento porque, de forma soterrada, se puede vislumbrar un desprecio hacia la política, como si esta fuera algo negativo en sí mismo.Un desprecio que ya sostuvieron en su momento los llamados "eladios" y que ahora parece entroncar con posturas defendidas desde los colectivos autodenominados "indignados". La creciente tendencia de ELA a rehuir la política, abandonando,  por ejemplo, espacios de participación en diversos organismos institucionales, puede deberse a la frustración por no sentirse identificada con ninguna de las grandes ofertas que se disputan la representación democrática en este país. Es una postura legítima, pero de ahí al nihilismo político solo va un paso.   



2012/01/30

ELA no suma

Las recientes declaraciones a la prensa del secretario general del sindicato ELA, Adolfo Muñoz, en las que da por rota la mayoría sindical con LAB, dan pie para realizar algunas reflexiones sobre sindicalismo, proyecto político, autonomía, soberanismo y progresismo. Lo primero que se debe decir es que el sindicato ELA es muy libre para tomar las decisiones que estime más oportunas, si bien en este caso ha faltado a las mínimas normas de cortesía con un socio de largo recorrido como es LAB. Liquidar la mayoría sindical en una entrevista en “Gara”, sin una previa interlocución con el socio directamente afectado, no es una práctica muy ejemplar que digamos.

Pero dejando a un lado las formas, manifiestamente mejorables, vayamos al fondo. La argumentación de Muñoz incluye una preocupante mala fe, ya que asimila de forma gratuita a la coalición electoral Bildu con el sindicato LAB y traslada la mezquina idea de que al aparecer Bildu en las instituciones, (al no existir diferencias entre Bildu y LAB) es como si el propio sindicato abertzale estuviese en esas instituciones, lo que le invalidaría para formar parte al mismo tiempo de la mayoría sindical. Tal vez la mala memoria le haya llevado a Muñoz a recordar sus tiempos de joven militante en los que ELA y PNV venían a ser una misma cosa, y por ello cree que Bildu y LAB lo sean, lo que no se sostiene si se realiza un análisis mínimamente honesto. Pero es que además, la postura de Muñoz está afirmando implícitamente que eran mejores los tiempos en los que la izquierda abertzale (socio integrante de Bildu) no estaba en las instituciones. Ni en las papeletas de las cabinas electorales, añado. En aquel escenario de ilegalización forzosa era perfectamente posible, al parecer, la mayoría sindical.

Habrá que volverle a recordar a Muñoz, y a ELA en general, que en la coalición Bildu se reúnen personas de Eusko Alkartasuna, Alternatiba, Izquierda Abertzale e independientes. Y que en esas diversas adscripciones políticas hay militantes que están afiliados a CCOO, a LAB e incluso, como él mismo sabrá de primera mano, a su sindicato. Por lo tanto, realizar un ejercicio de identificación directa entre Bildu y LAB es un atrevimiento, ya que carece de base probatoria que lo justifique. Del mismo modo y variando la dirección de la flecha, se podría asegurar que un importante porcentaje de los afiliados y afiliadas de ELA dan su voto al Partido Nacionalista Vasco, pero de esa circunstancia no se puede derivar, de forma gratuita, que exista una relación directa entre ambas organizaciones.

Resulta asimismo desconcertante que cuando los principales obstáculos, señalados como impedimentos para un trabajo en común, han sido superados, en especial la estrategia político-militar de ETA, la central que dirige Muñoz dé un claro paso hacia atrás. La dirección de ELA se mantuvo durante muchos años en una firme postura de exigencia a ETA, que se venía a resumir en la frase acuñada por su ex secretario general, José Elorrieta: “ETA sobra y estorba”. Pues bien, ahora que la organización clandestina deja todo el protagonismo a los agentes políticos y sociales, la unidad de acción sindical se les antoja poco menos que  imposible. ¿Era la postura de ELA una mera pose para presionar a la izquierda abertzale?

No podemos olvidar, por otra parte, que es ahora, en este preciso momento, cuando se está construyendo una alternativa soberanista y de izquierdas, aglutinante socio-politica de una mayoría social de este país que se identifica con esas ideas-fuerza. El secretario general de ELA dice en la entrevista citada que “en este país hay lucha de clases, a la vez que hay lucha por la soberanía nacional”. Precisamente es ese nuevo bloque emergente, sustanciado en Bildu y en Amaiur, el único agente político que conecta con esa misma afirmación. Obviamente, ni el PP, ni el PSOE ni el PNV pueden asumir esa frase definitoria, pero en un ejercicio de contradicción extrema, Muñoz achaca precisamente a ese nuevo sujeto la imposibilidad de desarrollo de la unidad de acción sindical.

Y de esa constatación se infiere una derivada aún más preocupante. El sindicato ELA se sitúa fuera de los cuatro proyectos políticos realmente existentes en Euskal Herria, y lo hace repartiendo críticas a diestra y siniestra, no parando en barras, y equiparando, por ejemplo, la politica fiscal de la derecha con la que está empezando a diseñar Bildu en Gipuzkoa, en medio de un escenario muy poco propicio debido a la grave crisis económica que padecemos.

Hoy es el día en que muchas gentes que viven de cerca los problemas del sindicalismo internacional, coinciden en señalar la necesidad de que ese sindicalismo tenga un anclaje en un proyecto sociopolítico definido, un proyecto que no cabe asimilar a unas siglas concretas, pero sí a una amalgama de partidos, agentes sociales, asociaciones e iniciativas diversas, pero con un nexo común referido al deseo irrenunciable de construir un modelo alternativo al capitalismo realmente existente.

En cambio, ELA se aferra a un supuesto bien superior, cifrado en su autonomía de las formaciones políticas, que sitúa al sindicato en un espacio, a la larga, no beligerante. Un espacio en el que poder gestionar con mayor solvencia las contradicciones internas que puedan surgir desde una base social, mayoritaria entre sus afiliados, que no comulga con la puesta en escena izquierdista de su actual ejecutiva.

Cuando se tratan asuntos de calado, como el que intenta abordar este artículo, no cabe llamarse a engaño. En este pequeño país todos nos conocemos y todos sabemos de qué pie cojeamos. Es cierto que ELA atesora decenas de miles de afiliados, pero también lo es que ese amplio corpus social no muestra señales de coherencia ni de firmeza a la hora de expresar públicamente su identificación con la lucha de clases y la lucha de liberación nacional. Si así hubiera sido durante estos años, el panorama sociopolítico vasco sería ahora mucho más rico y se encontraría mucho más cerca del ansiado reconocimiento del derecho a decidir. 

Quienes tenemos ya unos años sabemos, además, que el sindicato ELA sostuvo, hasta la famosa Declaración de Gernika de octubre de 1997, al autonomismo en la CAPV, en alianza implícita con PNV y PSE. Su reconversión al soberanismo es bien reciente, apenas los últimos quince años en una larga trayectoria de cien. Por tanto, los últimos en llegar, y a trompicones, al soberanismo, no deben ser los que más méritos atesoren para dar lecciones a quienes han estado de forma nítida por la conjunción de lucha social y lucha nacional desde el mismo momento de su fundación, va para 35 años.

Publicado en "Gara" [2012-01-29]

2009/11/02

Nuevos aires, buenos aires

En los últimos días y semanas se perciben, al menos yo así lo quiero ver, unos nuevos aires, los del cambio de ciclo o los de la llegada de un nuevo paradigma político de la mano, fundamentalmente, de los movimientos que está impulsando, con paciencia infinita, la izquierda independentista.

Habrá tiempo de entrar en el fondo de la cuestión, pero como ejercicio de acercamiento, constato la publicación del documento interno a debate en la izquierda independentista, los coletazos que aún perduran de la conferencia de Brian Currin organizada por Lokarri, la celebración de un pleno del Nazio Eztabaida Gunea con una novedosa propuesta, los posicionamientos de ELA, Eusko Alkartasuna, Aralar o Alternatiba y otras cuestiones anejas.

Puede que al final se trate de una gripe otoñal, pero más bien parece que podemos asistir en los próximos meses a cambios cualitativos en el escenario político vasco, cambios de gran calado, que pueden variar las coordenadas que han estado funcionando en estos últimos treinta años.

Para intentar ayudar al paciente lector de este blog, acompaño unos cuantos enlaces que facilitan material relacionado con este complicado asunto.


DOKUMENTUAK:
- Fase politikoaren eta estrategiaren argipena - Ezker Abertzalea [ezkerabertzalea.info]
- Estatu arrazoia indargabetu - ELA [ela-sindikatua.org]


ELKARRIZKETAK ETA BERRIAK:
- Brian Currin: "Soy testigo de la profundidad y honestidad de la iniciativa de la izquierda abertzale" - Iñaki Soto [gara.net]
- Brian Currin: "El debate que se está dando en la izquierda abertzale no se había dado antes" - J.G. Iurgain/A. Zabaleta [noticiasdegipuzkoa.com]
- Rufi Etxeberria: "Es momento de recoger el fruto de largos años de lucha y no para dejarlo perder" - Iñaki Iriondo [gara.net]
- Una Comisión Promotora creará un punto de encuentro independentista - Gari Mujika [gara.net]
- Independentziaren aldeko topalekua sortuko du Nazio Eztabaida Guneak - Xan Harriague [berria.info]
- Aralar y EA reavivan su apuesta por la unidad abertzale - [noticiasdegipuzkoa.com]
- Aintzane Ezenarro "Es intolerable que el PSOE no deje a Batasuna recorrer el camino de Aralar" - Manu Rueda [elcorreodigital.com]
- Alternatibak eta Ezker Gogoak erakunde berria sortzeko bilera egin dute - Ibai Maruri [berria.info]


IRITZIAK:
- Proposamen estrategikoa sarean - Peio Urzelai [berria.info]
- Comentario político - Iñaki Altuna [info7.com]
- Análisis del documento de la Izquierda Abertzale (I) - Paul Ríos [paulrios.net]
- Análisis del documento de la Izquierda Abertzale (II) - Paul Ríos [paulrios.net]
- Polo instituzionala - Imanol Murua Uria [berria info]
Enlace

2009/04/01

Complicidades



Dijo un tal Karl Marx que cuando la historia se repite lo hace en clave de farsa, o algo parecido. Por lo tanto, no se trata de repetir intentos que ya se hicieron, hace ahora diez años, más o menos. Si entonces no funcionaron es muy probable que ahora tampoco lo harían.

Ahora bien, eso no significa que no haya que aprender de lo andado y en esa tarea nos puede servir la experiencia denominada Lizarra-Garazi. En aquel intento fracasado jugaron un importante papel los sindicatos ELA y LAB con su unidad de acción. Una experiencia que rompía con años de enfrentamiento entre dos sensibilidades diferentes del abertzalismo, una que venía del sindicalismo cristiano y el PNV y otra que surgió en los aledaños de ETA.

Esa entente cordial en el ámbito sindical se pudo trasladar al político, y ahí nació el Acuerdo de Lizarra, básicamente nacionalista, pero en el que también participaron fuerzas no abertzales como Ezker Batua.

Viene todo esto a cuento de la convocatoria de Huelga General anuanciada por la mayoría sindical para el próximo 21 de mayo. Se trata de una movilización para denunciar los efectos de la crisis económica en el empleo, la multiplicación de expedientes en las empresas y el aumento del número de parados. No es una huelga política en el mal sentido de la palabra, sino que es estrictamente laboral. Cosa distinta es que a posteriori se realicen lecturas políticas de la misma, todas ellas legítimas.

Tras años de distanciamiento, para no ser crueles, las dos grandes centrales abertzales han unido fuerzas con un objetivo común. Sin menospreciar al resto de convocantes, a los que hay que respetar por su grado de representación en sus ámbitos de actuación respectivos, es indudable que el peso de la protesta recae sobre ELA y LAB. Un eje que, al calor de la protesta, puede suscitar nuevas complicidades entre las dos culturas sindicales, complicidades que puede servir para engrasar otras bisagras.

Aunque es pronto para realizar análisis más profundos, el apoyo de la izquierda abertzale y Aralar a la convocatoria de huelga puede ser una buena señal. Habrá que esperar el posicionamiento de EA y de otros agentes políticos del país, como Nafarroa Bai, para establecer nuevas conjeturas.

El aire que se respira en el movimiento abertzale es lo suficientemente gélido como para ponerse a voltear campanas. Alguien ha dicho recientemente que no se trata de sacar más conejos de la chistera, sino de trabajar con seriedad. Que nadie piense que esta nota sustenta la tesis de que la Huelga General es el primer paso de un nuevo Lizarra o algo parecido. Pero un obstáculo para ese objetivo unitario tampoco va a ser, eso seguro.

2007/12/14

La dignidad se demuestra en la calle

Con la que está cayendo en forma de ola represiva sobre los sectores más concienciados de Euskal Herria-Navarra, sigue habiendo sectores acomplejados que ante la gravedad del momento prefieren disculparse con bonitas palabras y dejar en manos de otros (los de siempre) la respuesta cívica al despropósito.

Lo acontecido con los imputados en el sumario 18/98 es un ataque tan descomunal que incluso una respuesta como la del jueves 13, con un paro de una hora y concentraciones y movilizaciones varias, se antoja incluso escaso. Sin embargo, un sindicato como ELA, con más de 100.000 afiliados, se permite el lujo de mantenerse al margen, aduciendo disculpas baratas en un patético intento de salvar la cara. Su responsable de comunicación escribe un supuesto artículo de apoyo a los procesados para al final decir que no apoyan las movilizaciones convocadas por los procesados. Otra ha sido la actitud de LAB, ESK, Hiru, EHNE y EILAS, que han asumido la responsabilidad, con sus diferentes criterios políticos, y han apoyado el paro solidario y de denuncia.

Por cierto que algunos partidos políticos, que se desgañitan en la defensa de los derechos humanos sin distinciones, pasan olímpicamente ante estos ataques y se diluyen entre esa parte de la ciudadanía, demasaido numerosa por desgracia, que se limita a encogerse de hombros. Por cierto, idéntico gesto al que hacían en tiempos de Franco, cuando siempre eran "los revoltosos" quienes daban la cara, mientras ellos se refugiaban en sus ínsulas seudoculturales, antifranquismo tibio que se convirtió en colaboración con la reforma cuando Suárez tomó el mando y reparó un par de agravios.

Resulta chocante, por otra parte, que la portavoz del Gobierno Vasco [de Navarra Occidental] se apunte al proceso de independencia de Kosovo, como si ellos estuvieran en parecida tesitura. Sería de risa si no fuera un absoluto escándalo. ¿Nos toman por tontos? No se quedan ahí, sin que también se comparan con Escocia y con Montenegro, mientras el nuevo presidente del PNV insiste en llegar a un arreglo amistoso con el Estado español, arreglo que ya de principio descarta la independencia de nuestro país.

Ignoro cuál es el camino que habrá que tomar para lograr salir del actual impasse político, pero a todos aquellos que pregonan como imprescindible una especie de frente nacional soberanista (ELA entre ellos) les diría que menos discurso y más hechos. La del 13 ha sido una gran ocasión perdida para habernos juntado en las calles y zonas industriales de este país. Pero que no se preocupen, que habrá, desgraciadamente, muchas más en los próximos meses.

2007/11/25

Hobetuz como síntoma

La denuncia realizada por los sindicatos ELA y LAB con respecto al instituto para la formación continua Hobetuz son el mejor diagnóstico realizado últimamente sobre la verdadera política del Gobierno Ibarretxe. Por una vez nos encontramos con una postura coherente frente al ninguneo de una Administración autonómica autista, que tan sólo piensa en la supervivencia de sus privilegios de casta.

Al Gobierno Ibarretxe no hay por dónde cogerlo, dadas sus inconsecuencias e incoherencias. Un Gobierno diezmado por las disputas, que se permite pactar las diferencias entre partidos, como en el caso del TAV, y que es absolutamente incapaz de liderar, siquiera al tercio occidental de este país. Están basando toda su política en dos fantasmas: el del procesamiento al lehendakari, que quedará en agua de borrajas, y el de la consulta del 25 de octubre, que también quedará abortada por falta de energía que la impulse.

Se baten en retirada de todos los frentes y encima su particular impostura ya no causa asombro, por repetida. Los discursos de supuesta firmeza de Miren Azkarate dan risa, las acometidas por la izquierda de Madrazo producen hilaridad y el corte de voz de Azkarraga para el fin de semana da lástima. Eso es todo lo que hay.

Por lo tanto, la digna decisión sindical debe ser aplaudida y extendida a otros ámbitos. Que se queden solitos, guarecidos en su chiringito autonómico, que sigan intercambiando cromos con el PSOE, presupuestos aquí o allá por medio, y dejen de intentar dar miedo a Madrid con muecas oxidadas.

Este debe ser un tiempo dedicado a la construcción (o mejor reconstrucción) nacional, no a los apaños de Ibarretxe, Urkullu, Egibar y compañía. No dan más de sí, están infectados de comodidad y carecen totalmente de alma abertzale o cosa que se le parezca.

Es hora de sacar la cabeza del cubo de basura que nos ofrece Madrid y levantarla hacia Europa, hacia Escocia y Kosovo, hacia las naciones que quieren ser de verdad plenas. Basta de comunidades de regantes y asociaciones filatélicas teñidas de nacionalismo light. Hay que dar un puñetazo encima de la mesa y decir: ¡Aquí estamos los baskones, no queremos seguir por más tiempo siendo esclavos de nada ni de nadie!

2007/07/03

ELA, entre dos mundos

El hasta ahora secretario general adjunto de ELA, Germán Kortabarria, se ha despedido del cargo, por jubilación, con una reflexión en torno a la necesidad de recuperar la unidad de acción con el sindicato LAB. Loable intención, sobre todo viniendo de él y además en el marco de su solemne despedida. Es más, en una larga entrevista que le hacen en la revista "Landeia", llega a afimar que: "Personalmente, es duro dejar mis responsabilidades en el sindicato con la relación con LAB rota". Habrá que hacer un ejercicio de fe y creerle, aunque sólo sea por esta vez. No está bien criticar al que se retira, aunque sólo sea a un segundo plano. Nadie duda de que Kortabarria seguirá trabajando en otras áreas, tal vez más de pensamiento, en el entorno de ELA.

Habría que decir que una persona que ha estado 40 años en la central nacionalista, buena parte de ellos en puestos de responsabilidad, habrá tenido innumerables ocasiones de, al menos, mejorar las relaciones con LAB. Es evidente que una sola persona no decide sobre ese particular, pero parece evidente que no ha hecho todo lo que hubiera podido en ese empeño. Al menos eso es lo que se deduce.

Dice Kortabarria que "Yo espero, yéndome, que, sin que pase mucho tiempo, se reinicie una fase nueva de unidad de acción con LAB, porque esa será la mejor noticia para la gente abertzale y progresista". ¿Está acaso insinuando que él ha sido un obstáculo, aunque sea involuntario, para que se consolide esa unidad de acción?

Justo antes de pronunciar esa frase, Kortabarria, interrogado sobre si la no existencia de unidad acción con LAB es el gran fracaso de estos años, contesta que "Para mí, personalmente, y para mi generación, que tanto insistimos en la necesidad de suma de fuerzas, constatar la situación de ruptura de la unidad de acción con LAB es muy frustante. Recomponer la unidad de acción exige colocarla en una nueva fase estratégica. Los intentos que ELA ha hecho en este sentido han sido malinterpretados. Es doloroso que se diga que ELA ha intentado plantear OPAs o engullir a LAB, porque no es cierto; es un discurso defensivo para explicar la incapacidad o la falta de voluntad de avanzar en la unidad de acción". Es una cita demasiado larga, pero merece la pena traerla aquí. El mensaje intenta volver a poner la responsabilidad únicamente en LAB, pero todos sabemos que en estos casos todo el mundo debe remar en la misma dirección. Y me atrevo a afirmar que uno de los objetivos estratégicos de la dirección de ELA presidida por Elorrieta ha sido lograr la unión -orgánica o como intersindical- del conjunto del sindicalismo abertzale. Ese ha sido su legítimo sueño y se van a ir de esa dirección sin lograrlo. Lo que no quiere decir que algún día se pueda llegar a dar ese escenario. Tal vez esto mismo sea una interpretación pero, al fin y al cabo, de eso se trata.

En cuanto a la posición general de ELA con respecto a la situación socio-política de Euskal Herria, hay que volver a decir le sobran disculpas y le faltan voluntades. En los periodos de alto el fuego de ETA no se mueven, en los periodos de no-tregua, menos aún. Yo no espero que se plieguen al discurso de la izquierda abertzale, segmento politico en el que parecen incluirse, porque ELA tiene más de 100.000 afiliados y su propia trayectoria, muy digna por otra parte. Lo único que les pido es que movilicen esa enorme fuerza humana en la dirección que estimen oportuna, en clave soberanista a ser posible. Porque ese mismo día cambiarán muchas cosas en este país. No vale ya esperar a mejores coyunturas, ELA es lo suficientemente madura para poner en marcha su propia estrategia soberanista. Que lo haga ya.

Y termino la perorata. En ese tema fundamental, así como en la negociación colectiva o en la lucha contra los males de la globalización, por poner algunos ejemplos, ELA se sigue moviendo entre dos mundos muy alejados. Ejerce y difunde un discurso de clase, anticapitalista, rompedor, mientras actúa de forma muy distinta, anteponiendo sus propios intereses de organización sindical al resto de cuestiones. Al final, se desdibujan los perfiles y nos encontramos con un sindicato "izquierdista" engrosado por una inmensa mayoría de afiliados "de orden". Sé que no les gusta nada que se digan estas cosas, pero creo que se acercan bastante a la realidad de este país.