Iñigo Cabacas Lizeranzu tenía 28 años, era seguidor del Athletic, y disponía de toda una vida por delante. El 5 de abril de 2012, en el curso de una celebración tras un partido de fútbol, una intervención de la Policía vasca, a todas luces desproporcionada, y lanzando pelotas de goma, hirió de gravedad al joven basauriarra, quien tras varios días en coma en el hospital, fallecería el día 9 de ese mismo mes.
Tras seis años de calvario para familiares y amigos de Iñigo, una sentencia de la Audiencia Provincial de Bizkaia recién publicada no hace sino añadir dolor al sufrimiento, en especial de sus padres Fina y Manu. De los seis policías procesados cinco quedan absueltos y el único condenado en primera instancia, el supuesto jefe del operativo, es sancionado con dos años de cárcel (no deberá ingresar en prisión) y con cuatro años de inhabilitación que no le afectaran, ya que está jubilado. El famoso "Ugarteko", alto mando policial, ni siquiera fue procesado y queda indemne pese a ser quien ordenó "entrar con todo".
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2018/11/30
2014/01/16
Prioridades
Establecer un catálogo de prioridades debe ser uno de los primeros deberes de cualquier responsable político. Una medida, un proyecto, puede ser socialmente valioso en un momento dado y una burla a la ciudadanía en una coyuntura diferente. La habilidad de los administradores de la cosa pública debe guiarles en el establecimiento de esas prioridades, evitando caer en la inanidad.
El Gobierno vasco ha anunciado que va a otorgar diez millones de euros (1.663,8 millones de pesetas) a la remodelación del estadio de Anoeta, en Donostia. Se mire por donde se mire, un verdadero despropósito. Mientras la sociedad vasca sufre los rigores de la crisis económica, los responsables políticos se preocupan de eliminar la pista de atletismo del estadio, para facilitar de ese modo la comunión entre jugadores y afición y, de paso, ampliar el aforo, que apenas se llena un par de veces por temporada, en partidos especiales. ¿No existen otras prioridades en esta época de recortes?
El Gobierno vasco ha anunciado que va a otorgar diez millones de euros (1.663,8 millones de pesetas) a la remodelación del estadio de Anoeta, en Donostia. Se mire por donde se mire, un verdadero despropósito. Mientras la sociedad vasca sufre los rigores de la crisis económica, los responsables políticos se preocupan de eliminar la pista de atletismo del estadio, para facilitar de ese modo la comunión entre jugadores y afición y, de paso, ampliar el aforo, que apenas se llena un par de veces por temporada, en partidos especiales. ¿No existen otras prioridades en esta época de recortes?
2012/06/04
Bilbao recobra la tranquilidad
| Marcelo Bielsa |
El negro panorama que se dibujaba para el futuro de Bilbao, de Bizkaia y, por ende, de Euskal Herria entera, se ha podido despejar en el último momento, cuando algunos agoreros adelantaban la catástrofe en páginas de diarios y webs. Pero no, el desenlace ha sido positivo y el club bilbaino, con dos o tres refuerzos de nada, aspirará de nuevo a todo la próxima temporada.
La ironía, que espero no moleste mucho a los seguidores del equipo de San Mamés, entre los que me incluyo, quiere poner un poco de cordura en un clima futbolístico que ha inundado a la gran mayoría de la sociedad bizkaina. Los movimientos de masas acontecidos con motivo de las sucesivas eliminatorias de la Europe League y la Copa del Rey, han constituido un auténtico sobredimensionamiento. Bien está soltar adrenalina contemplando las carreras de los futbolistas, pero todo debe tener un límite, incluso el Athletic Club en Bilbao.
Con la infinidad de problemas que atenazan a la sociedad, como el desempleo, la crisis económica, los recortes sociales, educativos y sanitarios, o la falta de avances en el proceso de resolución del conflicto, resulta un tanto obsceno que miles y miles de vascos depositen toda su pasión en un deporte. Porque el fútbol, pese a todo, no deja de ser un deporte. Y las victorias y las derrotas corresponden a los deportistas. A nadie más.
Si lo hacen bien, estupendo. Si lo hacen mal, otra vez será. No debiera convertirse en norma semejante despliegue de expectativas triunfalistas, -alentadas en este caso por los intereses de los medios de comunicación-, que al fin y a la postre pueden resultar infundadas. Quién haya vendido humo, que apague ahora el incendio.
Bilbao, Bizkaia si me apuran, no va ser mejor ni peor porque un club de fútbol atesore en sus vitrinas 24 o 25 copas del Generalísimo Franco y de los reyes Alfonso XIII y Juan Carlos I. Sabemos que la "filosofía" de jugar solamente con deportistas del país es admirable y única, pero a quien disfruta con ella le debería dar igual acumular títulos o jugar en la Liga Adelante. No se quiere al Athletic por lo que gana, sino por lo que representa.
2012/04/12
Iñigo Cabacas, penúltima víctima policial
La muerte del joven Iñigo Cabacas Liceranzu, a resultas de una violenta intervención de la Ertzaintza, ha conmovido a la opinión pública. Cuando estábamos aterrizando, tras el reciente cese de la actividad armada de la organización clandestina ETA, y nos empezábamos a hacer a la idea de que no iban a producirse más muertes, nos topamos con una más. Nos gustaría que fuese la última, pero por ahora lo dejaremos en penúltima.
Lo ocurrido en Bilbao, no obstante, no es novedoso. Pocos días antes, el mismo cuerpo policial hirió de gravedad a otro joven en Gasteiz, Xuban Nafarrate, en el curso de la huelga general del 29M. Y son incontables las actuaciones de la Ertzaintza en las que se ha empleado a fondo para disolver concentraciones o manifestaciones sin tomar las mínimas precauciones. Al final, como siempre pasa, el cántaro se rompe. Es el momento de las lamentaciones de las gentes de orden que siempre han mirado hacia otro lado cuando los apaleados eran "del entorno etarra".
En esta ocasión, sin embargo, medios tan poco sospechosos como "El Correo" dan credibilidad en primera página al testimonio de testigos que afirman que lo ocurrido fue una masacre y que podía haber habido más muertos a causa de la brutal intervención policial. Incluso uno de sus columnistas estrella habla de "tiempo de desarme", argumentando que la Ertzaintza deberá adaptarse al nuevo tiempo sin el accionar armado de ETA. Qué cosas.
Es posible que las circunstancias del suceso, ocurrido en el curso de la celebración de la eliminatoria del Athletic ante el Shalke alemán haya tenido algo que ver, pero lo verdaderamente diferente es que nos encontramos en otros tiempo, y que las respuestas que antes eran "comprendidas", sino aplaudidas, por muchos cioudadanos, ahora causan malestar y hasta repugnancia. Algunos de los que antes jaleaban a la Ertzaintza, ahora se avergüenzan de la falta de equilibrio de sus intervenciones.
Ha habido también quienes han pretendido desviar la atención con un debate sobre pelotas de goma sí o no. Las pelotas no tienen la culpa. Los culpables son los mandos de la Ertzaintza que mantienen ese tipo de arma en sus arsenales y los propios efectivos que las utilizan sin ningún remordimiento. Disparar a corta distancia más de cincuenta de esos proyectiles a unos hinchas del Athletic es una actuación demencial en sí, que podìa haber concluido con muchísimas más víctimas.
El poder, en este caso el Gobierno Vasco, abre una investigación y anuncia asunción de responsabilidades y retirada de las escopetas lanzapelotas. Incluso dice que pudo haber negligencia, mientras que la Fiscalía habla de un posible homicidio imprudente. Se trata de calmar los ánimos en los días posteriores al abuso policial, que el tiempo se encargará del resto. Por el momento, ningún cese, ninguna dimisión, ninguna asunción real de culpa.
El consejero Rodolfo Ares sabe perfectamente de la extralimitación de sus policías, que posiblemente acudieron sobreexcitados al lugar de los hechos. Sin embargo, se niega a dar un paso al frente y protege la identidad de quienes han acabado de forma violenta, y amparados en el anonimato de un arma que no deja rastro, con la vida de un joven pacífico, que tan solo pretendía pasar un buen rato tras el triunfo de su equipo de fútbol.
Quienes tanto han hablado de víctimas y verdugos, de demócratas y violentos, tienen ahora una magnífica oportunidad para situarse en el tablero. Que digan en voz alta, como acostumbran, quienes son las víctimas y los verdugos en el caso de la muerte de Iñigo. Si así lo hacen, empezaremos a darles algún atisbo de credibilidad. Mientras tanto, seguiremos pensando que su pretendido discurso moral es una mera herramienta de combate ideológico, una vulgar máscara para engañar a la ciudadanía.
Lo ocurrido en Bilbao, no obstante, no es novedoso. Pocos días antes, el mismo cuerpo policial hirió de gravedad a otro joven en Gasteiz, Xuban Nafarrate, en el curso de la huelga general del 29M. Y son incontables las actuaciones de la Ertzaintza en las que se ha empleado a fondo para disolver concentraciones o manifestaciones sin tomar las mínimas precauciones. Al final, como siempre pasa, el cántaro se rompe. Es el momento de las lamentaciones de las gentes de orden que siempre han mirado hacia otro lado cuando los apaleados eran "del entorno etarra".
En esta ocasión, sin embargo, medios tan poco sospechosos como "El Correo" dan credibilidad en primera página al testimonio de testigos que afirman que lo ocurrido fue una masacre y que podía haber habido más muertos a causa de la brutal intervención policial. Incluso uno de sus columnistas estrella habla de "tiempo de desarme", argumentando que la Ertzaintza deberá adaptarse al nuevo tiempo sin el accionar armado de ETA. Qué cosas.
Es posible que las circunstancias del suceso, ocurrido en el curso de la celebración de la eliminatoria del Athletic ante el Shalke alemán haya tenido algo que ver, pero lo verdaderamente diferente es que nos encontramos en otros tiempo, y que las respuestas que antes eran "comprendidas", sino aplaudidas, por muchos cioudadanos, ahora causan malestar y hasta repugnancia. Algunos de los que antes jaleaban a la Ertzaintza, ahora se avergüenzan de la falta de equilibrio de sus intervenciones.
Ha habido también quienes han pretendido desviar la atención con un debate sobre pelotas de goma sí o no. Las pelotas no tienen la culpa. Los culpables son los mandos de la Ertzaintza que mantienen ese tipo de arma en sus arsenales y los propios efectivos que las utilizan sin ningún remordimiento. Disparar a corta distancia más de cincuenta de esos proyectiles a unos hinchas del Athletic es una actuación demencial en sí, que podìa haber concluido con muchísimas más víctimas.
El poder, en este caso el Gobierno Vasco, abre una investigación y anuncia asunción de responsabilidades y retirada de las escopetas lanzapelotas. Incluso dice que pudo haber negligencia, mientras que la Fiscalía habla de un posible homicidio imprudente. Se trata de calmar los ánimos en los días posteriores al abuso policial, que el tiempo se encargará del resto. Por el momento, ningún cese, ninguna dimisión, ninguna asunción real de culpa.
El consejero Rodolfo Ares sabe perfectamente de la extralimitación de sus policías, que posiblemente acudieron sobreexcitados al lugar de los hechos. Sin embargo, se niega a dar un paso al frente y protege la identidad de quienes han acabado de forma violenta, y amparados en el anonimato de un arma que no deja rastro, con la vida de un joven pacífico, que tan solo pretendía pasar un buen rato tras el triunfo de su equipo de fútbol.
Quienes tanto han hablado de víctimas y verdugos, de demócratas y violentos, tienen ahora una magnífica oportunidad para situarse en el tablero. Que digan en voz alta, como acostumbran, quienes son las víctimas y los verdugos en el caso de la muerte de Iñigo. Si así lo hacen, empezaremos a darles algún atisbo de credibilidad. Mientras tanto, seguiremos pensando que su pretendido discurso moral es una mera herramienta de combate ideológico, una vulgar máscara para engañar a la ciudadanía.
Estekak:
- Carta abierta sobre la muerte de Iñiko Cabacas - Koikili Lertxundi [kaosenlared.net]
- En homenaje a Iñigo Cabacas - Álvaro Olmedo [marca.com]
2010/06/01
Incompetentes
Con la maldita crisis económica que nos azota, todo el mundo habla de recortes, de aplazamientos, de redimensionamientos. Si la crisis sirviera para hacer llegar un poco de racionalidad a las administraciones, bienvenida. Me temo, no obstante, que se trata de operaciones de disimulo, hasta que los tiempos sean mejores. En ningún caso he asistido a una autocrítica consecuente de ninguna de las administraciones que soportamos, que son unas cuantas.
El anuncio de que la tarjeta ONA dejará de ser impulsada, por no decir directamente que será anulada, tras emplear en la misma 11 millones de euros y conseguir difundirla entre unos 200.000 ciudadanos, es un ejemplo de incompetencia manifiesta. Yo la poseo porque en la biblioteca foral Koldo Mitxelena se propuso el cambio de los viejos carnets por la nueva txartela. Para el préstamo de libros funciona. Para el resto de utilidades ni siquiera la activé. Ahora bien, ¿qué hago yo ahora con la ONA? Esperaré a que algún amable funcionario me lo indique.
Siguiendo con las tarjetas, las dedicadas al transporte también tienen su historia. En cada territorio foral disponemos de sistemas diferentes e incompatibles, lo que demuestra la riqueza y pluralidad de esta pequeña nación que descansa a ambos lados de los Pirineos. Otro día volveré a escribir sobre esa enfermedad contagiosa y estupidizante llamada provincialismo.
Otra incompetencia. La tarjeta Lurraldebus facilita descuentos en el caso de las líneas guipuzcoanas de autobuses, incluida la de Pesa Donostia-Bilbao. Estaba previsto hace tiempo que el servicio se ampliase al topo de Euskotren y a cercanías de Renfe. Hasta ahora no ha habido avances, y dudo que los haya en lo que queda de 2010. La disparidad de criterios entre Gobierno Vasco, Diputación de Gipuzkoa y las compañías ferroviarias impide el acuerdo de confluencia y perjudica a los usuarios, obstaculizando el aumento de los mismos en el transporte público. Todo ello denota que los responsables del desaguisado jamás utilizan el bus o el tren y se desplazan siempre en coche oficial pagado por los contribuyentes.
Si estamos de acuerdo en que el actual sistema de movilidad es insostenible, ¿por qué no se dan los pasos necesarios para ir mejorando el transporte público de forma permanente? Es cierto que las obras de desdoblamiento de las vías del topo está en marcha en algunos tramos, pero Euskotren está en manos del Gobierno Vasco desde hace ya treinta años. Que permanezcan en manos estatales las líneas de cercanías de Renfe y Feve en el 2010 es otro misterio insondable que nadie podrá aclararme. No tiene explicación lógica.
Estamos en la hora de los recortes, solución no meditada sino de obligado cumplimiento dado el deterioro de las cuentas públicas. Tan sólo se pide que ese recorte se haga con racionalidad. Que prosigan las obras de desdoblamiento del topo, muy necesarias, y se suspenda sine die el proyecto de puerto exterior de Pasaia, absolutamente prescindible. Si de paso se adelgaza la Administración, eliminando duplicidades, miel sobre hojuelas.
Postdata. Llama la atención que en esta coyuntura de recortes en inversiones se mantenga tal cual la dedicada a erigir la nueva catedral del Athletic de Bilbao, denominada en lenguaje híbrido castellano-vizcaino San Mamés Barria. Una inversión multimillonaria - 218 millones- en la que participa todo quisque institucional y hasta la misma BBK. ¿Es tan urgente derribar el actual estadio y construir uno nuevo para dos partidos al mes? ¿No hubiera sido más adecuado aplazar las obras y volver a estudiar todo el proyecto? ¿Por qué el fútbol se salva de la poda general?
El mensaje que se traslada a la ciudadanía con este asunto no puede ser más destructivo. Todo el mundo a apretarse el cinturón menos el Athletic, un equipo que no se distingue precisamente por otorgar muchas alegrías a sus seguidores, entre los que me encuentro.
2009/05/28
Harto de fútbol

He estado varios días mordiéndome la lengua para no escribir esto, pero después de comprobar la fiebre Barça no he podido aguantar más. Ver en el palco del estadio romano a Zapatero dando saltitos con Laporta, mientras Montilla, Villar y el Borbón hacían de palmeros me ha a acabado de epatar.
Si ya lo ocurrido con el Athletic me parecía una sobrada monumental ¡celebrar que te den una paliza en la final de Copa!, el fenómeno de la futbolmanía no tiene muga. El circo de este posmoderno siglo XXI va a seguir siendo este deporte, sin duda. Un deporte que se reinventa a sí mismo y que produce ídolos de barro cada dos por tres.
Pero no quiero hablar de fútbol en sí, sino del movimiento de masas que se da a su alrededor. Miles y miles de personas que se desplazan a Valencia ¡sin entrada! para animar a su equipo desde fuera de Mestalla. Se monta una carpa gigante, desplazamientos en todo tipo de vehículos, una verdadera desmesura. Si todos los esfuerzos que se han hecho con motivo de esa final de Copa se hubieran dedicado a algún fin más solidario y edificante...
Y encima, o tal vez por eso mismo, este crecimiento exponencial de las masas futboleras se da en plena crisis económica, con más gente en paro que nunca y con las hipotecas sin pagar. Es para no entender nada de nada.
Luego está el juego que les da el asunto a medios de comunicación como El Correo o Antena3 que explotan el fenómeno con inteligencia, lo exprimen a tope y obtienen unos pingües beneficios a cuenta de esas masas enfervorizadas que no se paran ante nada con el único fin de jalear a sus héroes de pantalón corto.
Soy simpatizante del Athletic, me gusta que gane los partidos, y también me alegro cuando ganan los demás equipos vascos, incluida la Real de Donostia. Pero de ahí a hacer del fútbol una especie de religión laica va un buen trecho.
Tenemos en este país suficientes problemas de todo tipo para que nos entretengamos más de lo esctrictamente necesario en la fútbolmanía. Al menos los seguidores del Barça tienen motivos de estar contentos, poque su equipo gana competiciones y trofeos, pero en el caso de Euskal Herria, nuestros equipos hace tiempo que han dejado de ganar algo.
De cuatro equipos en Primera División tan sólo quedan dos, el Athletic justito y el Osasuna a falta de ganar su último partido. El Eibar ha bajado ya de categoría, el Alavés está en serio peligro y el Real Unión lo tiene complicado para lograr el ascenso. En definitiva, un panorama manifiestamente mejorable. Sin embargo, la forofada no descansa y se contenta cada vez con logros más raquíticos. Ahora se celebra no bajar de categoría o perder 1-4 con el Barça. ¿Habremos perdido definitivamente el sentido común?
2008/04/26
El Poder y la Gloria

Desde tiempos inmemoriales el Poder ha buscado la Gloria para perpetuarse en sus privilegios y la Gloria se ha arrimado al poder para poder aspirar a una vida más confortable. Es una vieja historia que se repite de forma cíclica y cuyo último capítulo tiene como escenario Bilbao. En este caso el Poder viene representado por la Diputación Foral de Bizkaia, asentada en la mismísima Gran Vía y la Gloria en el Athletic Club de la Alameda de Mazarredo. Exudan ambos entes tanto bilbainismo que es extraño encontrarse con alguien que ose criticar algunos de sus negocios.
Hemos sabido estos días que el ente foral ha suscrito un convenio con el club de fútbol por el que le serán traspasados a éste en cuatro años 11 millones de euros de las arcas públicas, a cambio de que las camisetas y atuendos de los futbolistas incluyan el logotipo “Bizkaia”. Encubierta bajo la forma de acuerdo de esponsorización publicitario se esconde una ayuda directa a una entidad de carácter absolutamente privado, por mucha vocación pública que pretenda ostentar. Este hecho inaudito, aparte de suponer un uso controvertido del dinero público, procedente de los impuestos que pagamos todos los contribuyentes, seamos o no simpatizantes del citado club, es un evidente agravio comparativo con el resto de clubes deportivos de Bizkaia, que intentan desarrollar sus diversas actividades sin los beneficios resultantes de una ayuda económica tan inusual. Y resulta aún más extraño cuando el propio Diputado General realizó públicamente críticas durísimas al modo de funcionamiento del club, que por cierto no ha variado en lo fundamental en los meses transcurridos desde las mismas.
Una entidad deportiva que dedica millones de euros a abonar las nóminas de sus futbolistas está en su pleno derecho de ejercer actividades mercantiles paralelas para intentar sufragar tan ingentes gastos, pero en mi opinión no debe ser en ningún caso objeto de ayudas públicas, se disfracen éstas de una u otra manera. El dinero público es sagrado y su utilización debe ser muy bien medida. En una sociedad en la que la riqueza está tan desigualmente repartida, como acaba de señalar el “Informe 2007” del observatorio socio-económico Gaindegia, el Poder debe mirar con lupa todas y cada una de sus actuaciones respecto a la disposición de dinero público y responder a las demandas de la sociedad en virtud de un criterio de justicia distributiva, que sin lugar a dudas la ayuda al Athletic Club no cumple. ¿Es que no existen en Bizkaia carencias sociales más urgentes que podrían ser aliviadas con esos 11 millones de euros?
Tenemos que recordar una vez más que Bizkaia sufre desde hace demasiados años un monocultivo deportivo en torno a ese club, lo que ha propiciado que otros deportes como el baloncesto, el balonmano, el atletismo o la natación no cuenten con un desarrollo adecuado y deban sufrir penalidades sin cuento. El buen momento del equipo de baloncesto Bilbao Basket es aún más meritorio si tenemos en cuenta estos antecedentes. Pero es que además ciudades tan pobladas, como Barakaldo o Getxo, apenas tienen un equipo de fútbol en Segunda B, sin posibilidades reales de acercarse a las categorías punteras. Al contrario que en Gipuzkoa, donde clubes como Eibar, Arrate, Real Unión o Bidasoa representan alternativas válidas a la Real Sociedad, en Bizkaia todo pasa por el Athletic.
Para complicar aún más la situación, nos encontramos con otra información en un conocido diario local, que habla del deseo de la actual directiva de ampliar el aforo del llamado San Mames Barria, para dedicar más espacio a la zona VIP, palcos privados en los que los asistentes, generalmente empresarios, disfrutan del espectáculo deportivo a la vez que realizan negocios y cierran acuerdos. Un modelo imperante en otros clubes de fútbol europeos y que parece va a ser adoptado también por el Athletic. Palcos privados que, además, se situarán junto al palco principal, habitualmente repleto de autoridades autonómicas, forales y municipales. La ocasión la pintan calva y los contactos entre representantes institucionales y empresariales serán preferentes cada quince días, con motivo del partido de turno en San Mamés.
Ahora que la trayectoria de la temporada deportiva del Athletic está salvada, de forma casi brillante comparándola con pasadas angustias, convendría que estos temas fueran debatidos con transparencia y sin sectarismo entre socios, simpatizantes y ciudadanos en general, para conseguir que no se vean mezclados en ningún caso las trayectorias que el Poder y la Gloria tienden permanentemente a situar en un mismo carril dominado por sus propios intereses de grupo o institución. Está muy bien animar al equipo, sentirlo como algo propio y evitar que sea ultrajado por sus enemigos, que sin duda los tiene y muchos, pero cosa bien distinta es confundir los anhelos de un club deportivo concreto con la totalidad de la población del territorio que dice representar. No se trata de atacar al Athletic, Dios me libre, sino de aclarar conceptos básicos en una sociedad moderna como la nuestra.
Se puede ser un “buen vizcaino” sin ser socio o seguidor de su equipo más glorioso, y lo dice alguien que sigue al equipo rojiblanco desde que tiene uso de razón. Diría más, hasta siendo seguidor del Indautxu o del Osasuna, ¿por qué no? Dejemos a un lado rancios fundamentalismos y abordemos las cuestiones peliagudas, como la presente, con un mínimo de perspectiva y objetividad. Al final, el Athletic, como institución centenaria, lo agradecerá.
2007/04/14
San Mamés Barria, un campo minado
He considerado conveniente esperar a que el equipo profesional de fútbol salga, aunque sea de forma momentánea, de los puestos de descenso, para opinar sobre el proyecto de campo de fútbol denominado "San Mamés Barria". Un proyecto que está generando diversas opiniones encontradas, tanto entre los socios y seguidores del Athletic Club, como entre los ciudadanos en general. Y los motivos para que genere discusiones son numerosos.En primer lugar hay que decir que la tendencia actual en Europa tiende a la construcción de las grandes infraestructuras deportivas en las afueras de las ciudades, y no en el mismo centro, como es el caso que nos ocupa. A pesar de que en anteriores proyectos se barajó la posibilidad de sacarlo de ese lugar, lo cierto es que todos los planteamientos del club y del Ayuntamiento han girado en torno a la zona Basurtu-Olabeaga, descartando otras opciones. Aún estamos a tiempo para volver a estudiar el asunto y abrir la mirada hacia otras zonas de la ciudad, lo que evitaría el habitual colapso circulatorio que se produce en los días de partido.
En segundo lugar, tampoco parece que se haya barajado con intensidad la posibilidad de agrandar el actual estadio, cuyos meros arquitectónicos, en especial su arco, son unánimemente ponderados. Hay ocasiones en que destruir lo viejo y partir de cero está bien, pero en otras, tal vez en ésta, pudiera ampliarse el aforo sin necesidad de derruir completamente San Mamés Zaharra.
Una tercera cuestión aflora a la hora de atacar el proyecto. El Athletic Club de Bilbao, guste o no guste, es una entidad de derecho privada, por muchos simpatizantes que posea, incluso fuera de Bizkaia. Por lo tanto, corresponde a la entidad emprender el cambio de estadio. La escasez (teórica) de aforo que sufre el actual campo, no puede ser un problema que aparezca en la lista de prioridades de las instituciones públicas, léase Ayuntamiento, Diputación o Gobierno. Es más, me temo que existen decenas de asuntos mucho más importantes, que requieren la atención inmediata de esas entidades, como pueden ser la vivienda, la mejora de la atención sanitaria, la educación, la integración de los emigrantes, el mantenimiento de las vías de transporte, el medio ambiente y un muy largo etcétera.
Por el contrario, los propios responsables del club se han jactado de que el cambio de campo no supondrá ni un euro a los socios, al fin y al cabo, propietarios de la entidad, lo que resulta cuando menos chocante. ¿Se imaginan ustedes que el presidente de Iberdrola afirma que la torre que van a levantar en Abandoibarra no va a suponer ni un euro para los accionistas? ¿Que todo el dinero va a proceder de las arcas públicas? Probablemente se trataría de un escándalo político de primera magnitud, pero en el caso del club de fútbol, no sólo no es un escándalo, sino que se aplaude el hecho desde las instituciones que tienen la obligación de amparar los derechos de todos los ciudadanos, por encima de las preferencias deportivas de cada cual.
De todos es sabida la precaria situación económica del Athletic, asunto que debiera preocupar lo suficiente a sus directivos antes de dar pasos como San Mamés Barria. Un club que ha sido incapaz de ganar un sólo título en los últimos veinte años, que no puede intervenir con suficiencia en el mercado de fichajes, cuyos capitanes son cualquier cosa menos vizcainos y con una cantera tan paupérrima, que le ha llevado a estar dos años rozando el descenso de categoría, tiene bastantes más problemas a resolver de forma urgente que el nuevo estadio.
Aún y todo, aunque el club estuviera luchando por el título, es inconcebible que se atreva a abordar una operación económica de este calado en base a las ayudas de la Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK), -entidad pública de ahorro, no lo olvidemos-, la Diputación Foral de Bizkaia y, casi con toda seguridad, el Ayuntamiento de Bilbao. El presupuesto inicial sale ya por 183 millones de euros (30.448,6 millones de las antiguas pesetas). Lo más probable es que en la fase de adjudicación del proyecto, ya que estamos con el proyecto base, se amplíe esa cifra, cosa que de seguro sucederá en la fase de ejecución, como en toda obra de estas características. En todo este tema, el único agente que ha actuado con prudencia ha sido el Gobierno Vasco. Justo es remarcarlo.
En séptimo lugar, hay que decir que el Diputado General, señor Bilbao, ha insistido en que en este proyecto no habrá pelotazo, que esas cosas sólo pasan fuera de su querida Euskadi. Habrá que señalar al dirigente foral que el Real Madrid, efectivamente, dio un pelotazo urbanístico en la capital española, sí. Y lo hizo vendiendo su patrimonio, la Ciudad Deportiva que poseía en el centro de la ciudad, para irse a las afueras. Y ese dinero no lo ha utilizado en construir un campo nuevo, sino en tapar agujeros de fichajes multimillonarios y en lavarle la cara al estadio de Chamartín. ¿Qué patrimonio podría vender el Athletic para afrontar una inversión de ese calibre?
En todo caso, ante una operación de tal envergadura, es obvio que las empresas constructoras se pelearán por participar en ella, para llevarse la mejor tajada posible. Que sean empresas de Bizkaia o de Laponia, es indiferente. Seguro, en todo caso, que serán conocidas por quienes dirigen el club, la BBK, la Diputación y el Ayuntamiento, curiosamente todos ellos tienen vínculos directos con el Partido Nacionalista Vasco.
Entrando ya en el proyecto en sí, sin ser arquitecto, pueden decirse un par de cosas. El mismo, realizado por una empresa vasca de alto nivel, es una copia más o menos acertada de otros estadios europeos, que no enlaza para nada con la señera presencia que el actual San Mamés marca en el panorama urbanístico de Bilbao. A ello se suma que, en tiempos de debate mundial sobre el cambio climático y el ahorro de energía, se plantea un estadio hiperiluminado, derrochador de energía y que dará un mal ejemplo a los ciudadanos sobre la manera de abordar toda esa problemática medioambiental. Despilfarrar recursos energéticos no está bien, ni siquiera en Bilbao.
Por último, y para no aburrir al lector, ya es hora de que la sociedad bilbaina y por extensión la vizcaina, aborde de forma civilizada y madura la desacralización de un club de fútbol como es el Athletic de Bilbao. Un club que a lo largo de su historia ha carecido de democracia interna -como tantos otros, claro-; que se sigue basando en un sistema orgánico como la asamblea de compromisarios; y que ha sido dirigido, salvo alguna excepción gloriosa, por las elites políticas, primero del franquismo y luego del nacionalismo más conservador. Tampoco es que sea como para sentirse muy orgulloso.
2006/11/09
Un espacio para la cordura

Ha llegado a mis manos el resumen del avance de la investigación realizada por el profesor de origen australiano, residente en Ontario (Canadá), Sterling McGray, acerca de las “Disfuncionalidades psicosociales entre los habitantes de los territorios de Bizkaia y Gipuzkoa”, que es como, traducido del inglés, se viene a titular el trabajo. Un estudio que le ha llevado cuatro años de trabajo y cuyas primeras conclusiones, aún provisionales, publicará próximamente el prestigioso mensual científico estadounidense “Psycho-social features”.El estudio se centra en la exploración de algunas de las variables más repetidas en las disputas acaecidas en los últimos años entre ambas comunidades, si así se les puede llamar, profundizando de forma clarividente en las profundas razones en que, según McGray, se sustentan tales comportamientos. El autor repasa diversos escenarios de enfrentamiento, como el fútbol (el más evidente), pero sin olvidarse de la antigua competencia remera entre Kaiku y Orio; la fervorosa disputa entre la amatxo de Begoña y la virgen de Arantzazu, o ya en un terreno más prosaico, el devenir de las disputas entre la morcilla guipuzcoana (de verdura) y la vizcaina (de arroz) o los piperras de Ibarra y Gernika. Las disputas sobre las olas de Mundaka o Zumaia; la pugna sobre si ha sido mejor ciclista Abraham Olano o Julián Gorospe o el clásico pique entre el txakoli de Getaria y el de Bakio, son también algunas de las variables tomadas en cuenta en el amplio estudio realizado por Sterling McGray.
Debido a lo reciente del caso, el profesor australiano no entra a valorar lo acontecido en torno al llamado “caso Zubiaurre”, que tanto ha dado que hablar en los últimos meses, llegando a causar la ruptura de relaciones institucionales entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad de San Sebastián. Lamentablemente, el trabajo de campo de McGray se desarrolló entre los años 2000 y 2004 y por tanto no ha podido incluir ese asunto, aunque no se descarta que lo pueda tratar en una futura ampliación del trabajo.
Las conclusiones de McGray, que no tenemos porque compartir en su totalidad, se basan en la búsqueda de emblemas identitarios que den sentido a la vida de una comunidad, remontándose en ese sentido a luchas que se dieron en la misma Edad Media, las llamadas guerras banderizas, o a la participación de soldados vizcainos y guipuzcoanos en la conquista de Nafarroa Garaia. Ahí es donde McGray explica que, en realidad, Bizkaia y Gipuzkoa no son comunidades per se, sino que, por el contrario, son simples territorios, más o menos históricos (sus fronteras han variado en los últimos siglos), que forman parte de una comunidad más amplia a la que el autor denomina Basque Country y a la que nosotros llamaríamos Euskal Herria. Es por ello que el profesor de la University of Western Ontario (*) se subleva, afirmando que muchas de las disputas habidas en los últimos años han sido fomentadas por aquellos agentes políticos, sociales y mediáticos que no desean la unión de todos los territorios vascos en un solo proyecto nacional, lo que me atrevo a traducir como Estado europeo de Navarra.
Por todo ello señala que polémicas como las habidas sobre los campus universitarios de la UPV-EHU, sobre las relaciones Athletic-Real Sociedad o sobre la localización del Conservatorio Superior de Música en Bilbo o Donostia, obedecen a intereses ajenos a un proyecto nacional vasco y contribuyen de forma decidida a debilitarlo y, en su caso, a romperlo. Recuerda en ese sentido McGray, y creo que muy oportunamente, la munición empleada por España en su intento, parcialmente logrado, de diluir las señas de identidad comunes entre Navarra, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia, insistiendo en la especificidad propia de un territorio foral que tampoco puede ser una nación sin sus territorios hermanos deletreados en las Coplas de Monteagudo.
Sterling McGray no es político, y por tanto no entra a valorar las raíces políticas del asunto ni a repartir responsabilidades. Sin embargo, su conocimiento del mundo globalizado y de la importancia de los reflejos mediáticos de las distintas realidades sociales lo empujan a denunciar sin complejos uno de los principales focos del problema. Así incluye un párrafo que no me resisto a reproducir íntegro: “El activismo del mayor grupo de comunicación del país, el bilbaino Vocento, ha sido uno de los factores principales a la hora de enconar las rivalidades entre vizcainos y guipuzcoanos. Gracias a la existencia de dos cabeceras de prensa en las dos capitales: “El correo español”, favorable a las tesis vizcainas, y “El diario vasco” a las guipuzcoanas (pese a su pertenencia al grupo bilbaino), ha conseguido vehiculizar los ánimos de uno y otro lado con resultados sorprendentes. El hecho de que existan aficionados del Athletic Club de Bilbao que deseen que la Real Sociedad baje a Segunda División y viceversa, muestra bien a las claras que alguien ha realizado muy bien su trabajo psicosocial”. Cita textual.
En ese sentido cabe decir que organismos como Euskal Hintxak o Esait están realizando una labor didáctica que intenta romper estas tendencias disgregadoras y antinacionales, pero el trabajo a realizar es demasiado arduo para abordarlo tan sólo desde los colectivos populares. La disputa por un jugador de fútbol como Iban Zubiaurre, en la que los dos clubes han actuado rematadamente mal, no debiera acentuar la brecha que llevamos años sufriendo entre una y otra parte. Todos quienes sientan que Euskal Herria es una comunidad nacional, plural y diversa, pero única, deben reflexionar y abandonar posturas provincialistas absurdas que tan sólo pueden traer peores consecuencias. Ana Urkijo y Miguel Fuentes, a los que considero personas maduras y competentes, deben sentarse a una mesa y hablar de sus problemas, para zanjarlos de manera dialogada y no en los tribunales de justicia. Cuando tanto se habla de diálogo y de mesas para resolver un conflicto mucho más complicado que éste como es el del reconocimiento del derecho a decidir de los vascos, no podemos dejar pudrir las diferencias futbolísticas, acentuando aún más los malos modos entre vizcainos y guipuzcoanos. Espero que aún haya un espacio para la cordura y el encuentro, en el que los seguidores de ambos equipos podamos abrazarnos, olvidando pasados agravios, y juntar fuerzas en defensa del fútbol vasco y de su selección nacional.
(*) Como el lector habrá adivinado, Sterling McGray es un personaje inventado por el autor como mero recurso literario.
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