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2013/11/02

El final de un ciclo

Todo indica que Fagor Electrodomésticos, heredera de Ulgor, cooperativa fundacional de lo que hoy conocemos como Corporación Mondragón, se encamina a su cierre total y definitivo. El grupo cooperativo, que inyectó 70 millones de euros en la empresa el pasado verano, no quiere seguir manteniéndola con respiración asistida y ha decidido cortar el cable. Una medida traumática que trasciende al caso puntual de Fagor y crea un precedente cara al futuro. Una de las características básicas del cooperativismo queda aparcada en aras del realismo económico y de una supuesta eficiencia.
Cuando un cuerpo sangra por uno de sus órganos, la cabeza ordena despojarse del mismo para mantener sano el resto. Es lo que parece haber sopesado la cúpula de Mondragón. Suena duro, pero tal vez sea la mejor solución. Sin embargo, lo que a medio plazo puede resultar positivo, lleva aparejadas algunas variables preocupantes. La caída de Fagor Electrodomésticos puede endosar serios problemas añadidos a entidades de la Corporación como Lagun Aro EPSV y Laboral Kutxa. Tal vez lo más acertado hubiera sido operar el miembro dañado, con un bisturí bien afilado, pero salvando las líneas rentables y todo el empleo posible. No ha podido ser.

2013/04/23

Soberanía y crisis social

La calle está que arde. La situación social es alarmante. La preocupación principal es la economía. La crisis lo acapara casi todo. El desempleo registra cifras inaguantables. Los desahucios se multiplican. Una buena parte de la población atraviesa dificultades. Los recortes en sanidad, educación y servicios sociales son palpables. La corrupción se extiende, en especial en la clase política. Una de las principales instituciones financieras del país, la CAN, ha desaparecido.

El complicado panorama se agrava si tenemos en cuenta que Euskal Herria sigue siendo una nación sin estado, lo que dificulta la posesión de las herramientas imprescindibles para atajar la crisis económica, social y política que vivimos. Nadie puede asegurar que la situación sería hoy mejor si Euskal Herria fuese un estado independiente, pero sí que se puede afirmar que de serlo dispondría de mejores y mayor número de herramientas para afrontar esta situación de alarma social que padecemos.

2013/02/17

Desestimiento de la política

Los continuados casos de grave corrupción política que se vienen dando en el Estado español, incluidos algunos en Euskal Herria, están afectando de forma directa a la valoración que de la política tiene la ciudadanía. El mantra de que todos los politicos son iguales, es decir, unos ladrones, se extiende por tabernas, mercados y centros de trabajo. 

Y a la vez que se extiende ese parecer colectivo, se extiende también la injusticia. Porque no todos los políticos son iguales. Todavía quedan politicos honrados. Y no conviene olvidarlo.

No se trata de hacer aquí una apología de los políticos, tan denostados en estos tiempos de turbación. Que se defiendan ellos. Lo que trato de abordar en este comentario es la necesidad de no darle la espalda a la política. En no caer en el desestimiento, como parece que está ocurriendo.

La profundidad de la crisis económica que atravesamos ha disparado el rechazo a la llamada clase política, conformada por aquellas personas que se dedican de forma profesional a esa actividad. Un rechazo que tiene bases sólidas, ya que el común entiende que la dedicación política tan solo debe estar sustentada en el propósito de servir al interés general, a la mejora de la administración pública y, por ende, a la calidad de vida de los ciudadanos,  cosa que no está sucediendo.

Sin embargo, cuando se dan a conocer los emolumentos de la elite política, la gente entiende que mediante un corto periodo de dedicación se puede conseguir un bienestar económico muy superior al de la media de la población. Y no estamos hablando de corrupción, ni de latrocinio, sino de las cantidades desorbitadas, pero totalmente legales, que perciben por su trabajo político ministros, consejeros autonómicos, alcaldes, concejales o asesores nombrados a dedo.

El caso del llamado Ararteko de la CAPV es un buen ejemplo. Ingresos salariales de 86.300 euros al año para su titular y de 78.000 para su adjunta, 19 funcionarios a su cargo y otros 32 asesores designados a dedo, la mitad de los cuales perciben sueldos superiores a 65.000 euros al año. Sin entrar en el grado de eficiencia de la institución, que esa es otra, se antoja que los números aparecidos en prensa no casan con un periodo de austeridad como el que vivimos. 

En todo caso, vuelvo a insistir en que he conocido concejales que han puesto dinero de sus bolsillos por ejercer su función. Que han servido a su municipio con honradez. Que no se han llevado ni un bolígrafo del ayuntamiento. No está de moda afirmarlo, pero es necesario hacerlo. Porque corremos el peligro de que en las próximas elecciones locales haya verdaderos problemas para confeccionar las listas en muchos partidos y coaliciones. 

Es cierto que ante la oleada de imprecaciones populares, muchos no quieran arriesgarse a tomar la iniciativa de dedicarse a la política, aunque sea en el estrado más humilde de su propio municipio, para evitar futuros insultos. Es un riesgo que aumenta cada día. Y hay que decir que, de confirmarse con los hechos, supondría un grave perjuicio para todos. 

En otro nivel, asistimos a un alejamiento paulatino de las preocupaciones políticas por parte de la ciudadanía. Se acrecienta el sentimiento de que bastante tenemos con los problemas económicos, el desempleo y todo lo que les rodea, como para implicarnos en cuestiones políticas. La extensión de ese sentimiento puede hacer que las posibilidades de transformación social se vean mermadas, ya que se puede dar la paradoja de  dejar en manos exclusivas de los políticos profesionales importantes asuntos que conciernen a toda la ciudadanía. 

El desestimiento de la política tiene abundantes razones para manifestarse, para seguir creciendo. Subirse a ese carro puede ser un ejercicio relativamente cómodo, ya que se va a favor de corriente. Pero a medio plazo puede incrementar la frustración general y estrechar aún más las vías de participación en la política, indispensables si queremos cambiar el actual estatus quo.

 

2012/11/09

¿Quién mató a Amaia Egaña?

¿Qué está pasando? ¿Hasta cuando vamos a aguantar la rapiña de la banca? ¿Cómo es posible que uno de los principales causantes de la crisis se cebe de este modo miserable contra los ciudadanos de a pie? La muerte de Amaia Egaña en Barakaldo pone a toda la sociedad ante el espejo. Un sistema que induce al suicidio de una mujer con empleo, casada y con un hijo, es un sistema aborrecible.

Los primeros datos que se manejan hablan de una familia normal, sin aparentes problemas económicos, pero a quienes se les iba a embargar la vivienda hoy mismo. La desesperación que ha llevado a Amaia a tirarse por el balcón refleja la gravedad de una situación legal injusta, que otorga todas las ventajas a la banca y que pone en el disparadero a quienes no pueden hacer frente al pago de su hipoteca.

El Gobierno español del PP y el PSOE dicen estar preparando medidas, como la moratoria en el embargo. Medidas que lejos de solucionar el problema de fondo, tan solo lo maquillarán. En primer lugar habría que conseguir que todos aquellos bancos que han sido nacionalizados, o hayan recibido ayudas públicas de cualquier tipo, no tengan capacidad de promover embargo de vivienda alguno. En segundo lugar, como ha planteado EH Bildu, que las viviendas en peligro de embargo pasen a depender de una oficina pública que las gestione, facilitando la permamencia de las personas en su vivienda a cambio de un alquiler social mientras se soluciona el problema de fondo. Y en esa solución debe aparecer la figura de la "quita", para que la deuda contraída pueda reducirse a términos asumibles por los afectados y con un periodo de pago razonable y pactado entre las partes. Si se hace con las empresas en apuros, existen muchas más razones para emplear ese método en el caso de familias con dificultades económicas.

Decir que la banca engaña, manipula o roba no es decir nada nuevo. Ya lo dijo Emile Zola en el siglo XIX. Lo importante es que la sociedad, las instituciones, en definitiva los mecanismos democráticos, funcionen de verdad y pongan remedio a este escándalo social, tal vez la consecuencia más sangrante de la crisis, junto al desempleo masivo que padecemos.

Diría más. Sin ser experto en asuntos constitucionales, y no guardando simpatía al texto de 1978, éste dice en su artículo 47 que: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada". Que se sepa, el artículo continúa vigente, por lo que el empeño de bancos y cajas por arrebatar la vivienda, bajo el pretexto de no tener al corriente los pagos de la hipoteca, podría considerarse anticonstitucional. Me gustaría que alguien con conocimientos adecuados en la materia estudiase la posibilidad de emprender acciones jurídicas en ese sentido.

¿Quién mató a Amaia Egaña? me preguntaba en el título de este comentario urgente. Los más cínicos contestarían que ella misma. Pero si somos honrados intelectualmente, tendremos que decir que los causantes de esa muerte son varios. En primer lugar la banca, en su inmoral afán de quedarse con el mayor número de viviendas posible. En segundo lugar la institución judicial, que en la gran mayoría de ocasiones se pliega a los deseos de los primeros, en detrimento de los ciudadanos. En tercer lugar los ejecutivos central y autonómicos, que no han tomado iniciativas que acaben de forma efectiva con esta práctica vergonzosa. En cuarto lugar los partidos, sindicatos y agentes sociales que no han hecho lo suficiente por concienciar a la sociedad con este asunto y construir un potente movimiento antidesahucios que presione para reducir los efectos de la plaga. En quinto lugar la sociedad en su conjunto, que asiste atónita a los cientos y cientos de desahucios que se están produciendo y que tan solo reacciona cuando se da una muerte como la de Amaia. Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad.

Una mujer ha perdido la vida inducida por el acoso judicial instado por un banco. Es una tragedia social que destroza la vida de ella y de su familia y amigos. Pero no debería ser una muerte inútil. La decisión de Amaia tendría que alertar a la ciudadanía para hacer funcionar los resortes que impidan que otro caso semejante se produzca en cualquier ciudad o pueblo de nuestra geografía. Que ninguna otra Amaia tenga que sacrificar su vida por culpa de una hipoteca.


2012/07/20

Crisis y oportunidad

La aguda crisis económica que padecemos, pese a que contribuye a aumentar el grado de pesimismo de la población, puede deparar algunas enseñanzas positivas. Es en momentos como el actual, en los que parece que todo se viene abajo, cuando suelen surgir oportunidades insospechadas.

Es evidente que la crisis, primero financiera, luego inmobiliaria, posteriormente bancaria y por fin, global, va para largo. No se trata de un simple constipado sino de una verdadera neumonía. Y el culpable no es el ciudadano de a pie, el trabajador, el desempleado, el inmigrante, sino el propio capitalismo. Es el sistema económico vigente, basado en la búsqueda del mayor beneficio en el menor tiempo posible, el que nos ha llevado a esta situación.

¿Qué ocurre? Que la mayoría de las presuntas soluciones a la crisis obvian esa circunstancia y se centran en intentar recomponer las estructuras enfermas del capitalismo. Los ciudadanos nos vemos inundados por conceptos etéreos como prima de riesgo, diferencial de deuda, fondo de rescate, memorandum, pacto fiscal, etcétera. Conceptos que disfrazan la verdadera naturaleza de lo que ha venido ocurriendo. En resumen, los sectores más avanzados del capitalismo financiero han nadado en un mar especulativo hasta que se han quedado sin agua. En ese momento, para evitar males mayores, han intervenido los poderes públicos, subsidiarios de aquellos, con el fin de reponer la liquidez perdida en operaciones bursátiles de alto riesgo o en el robo descarado, como ha sido el caso del sector del ladrillo.

Los culpables de la crisis son bien conocidos. En primer lugar, los grandes poderes financieros internacionales, los mercados de bolsa, las agencias de calificación y el entramado institucional que les asiste, léase FMI, Banco Mundial, etc. En segundo lugar las instituciones "democráticas" que cumplen los dictámenes emanados desde el seno de los primeros: Banco Central Europeo, bancos centrales de los estados de la UE, Unión Europea, parlamentos, gobiernos, etcétera.

Conviene recordar ahora las palabras del ex presidente francés Nicolás Sarkozy al inicio de la crisis: "Hay que refundar el capitalismo". La mayoría de lectores estimará que fue una boutade más del político francés. Nada más ajeno a la realidad. Estamos asistiendo, con notable despiste general, a una verdadera refundación del capitalismo. Un sistema económico que se reinventa a sí mismo, reventando los diques del pretendido estado social del bienestar, adelgazando hasta el mínimo soportable el sector económico público, jibarizando la sanidad, la educación y los servicios sociales comunitarios y de propiedad pública, reduciendo al mínimo el sistema público de pensiones. En fin, ampliando las bases de actuación de la economía neoliberal, desmontando lo poco que queda del antiguo estado socialdemócrata, incluidos los sindicatos de clase, y forzando una derrota histórica al movimiento obrero europeo.

Que nadie piense que una vez acabada la crisis todo volverá a su cauce. Ese es el gran error. Ya nada será igual. Sí, por supuesto que el PIB crecerá, los salarios dejarán de disminuir y se incrementarán débilmente y el desempleo se reducirá hasta límites más digeribles. Pero la operación de cirugía ejercida por los mejores bisturíes del neocapitalismo habrá dejado irreconocible al estado social del que hemos venido "disfrutando" hasta ahora.

Apuntará el lector más agudo que al inicio de este azogue hablaba de oportunidades. Las hay, es cierto. La crisis, por ejemplo, ha puesto en evidencia la fragilidad de proyectos políticos como el de la autonomía uniprovincial navarra comandada por UPN. Con la CAN desaparecida, el IVA de Volkswagen pagado por Madrid para evitar la quiebra foral y el Gobierno de Barcina en precario, se presenta una oportunidad de darle vuelta al calcetín navarrista.

A la vez, presenciamos el ascenso del bloque soberanista. Un espacio en expansión que debe convencer a la mayoría social de nuestro país de la necesidad de construir un autogobierno basado en la honradez, la ausencia de corrupción y clientelismo, el ecologismo social, el fortalecimiento de lo público sobre lo privado y la búsqueda de alternativas al voraz capitalismo que todo lo destruye.

Si Euskal Herria se dota de un bloque de progreso con vocación mayoritaria que ponga freno a tanto desmán, es posible lograr una salida a la crisis cualitativamente mejor a la de los vecinos del norte y del sur. Una salida que prime el bienestar de los ciudadanos sobre la codicia de empresarios y banqueros y ponga en lugar preferente el interés comunal sobre el afán de ganancia privado.

2012/03/06

Aquí, a la izquierda

Van ya para cinco años de crisis económica, eufemismo que oculta la verdadera cara del capitalismo. Un sistema económico basado en la explotación, que arroja a la cuneta a todas aquellas personas que no le son útiles para sus fines. Los periodos de crisis son consustanciales a este sistema, como lo es el desempleo, el mejor aliado de los empresarios para contratar mano de obra cada vez más barata y en condiciones más precarias.

También es consustancial al capitalismo la corrupción, que siempre ha existido. Alarmarse por su propagación en estos años es un gesto de hipocresía social. La ideología capitalista, basada en la búsqueda del mayor beneficio posible en el menor tiempo, es una invitación a la corrupción.

Volviendo a la crisis, tras años de despilfarro en las cuentas públicas, cuando el dinero de todos se malgastaba en espectáculos como las carreras de bólidos del Bilbao made in Azkuna, llegan los tiempos del ajuste. Los excesos de antaño se han convertido en los apuros de hoy y de mañana. El dinero público se retira hasta de las carreras ciclistas.

En este complicado contexto le ha tocado gobernar una diputación foral y cientos de ayuntamientos a la izquierda independentista y soberanista. Bildu, tras unos extraordinarios resultados electorales, ha tenido que asumir una responsabilidad sobrevenida. No podía esconder la cabeza debajo del ala. Su electorado no se lo habría perdonado.

Sin embargo, la asunción de responsabilidades institucionales debe ir acompañada de un perfil ideológico que identifique el trabajo en la Administración foral y local con las señas de identidad históricas del sector social al que se representa. Equilibrar ingresos y gastos es una tarea obligada, eso se asume, pero el asunto estriba en dónde se recorta y en dónde se mantiene la apuesta.

Puede parecer una perogrullada, pero la izquierda independentista es de izquierdas. Se mueve en ese amplio cauce al que llamamos socialismo, con acentos más prágmáticos y más doctrinales, según los casos. Esa seña de identidad fundacional no puede diluirse en un periodo de gestión, que puede ser coyuntural.

La izquierda independentista tiene que estar atenta a lo que ocurre en nuestra sociedad. A los miles de personas que se encuentran en desempleo, a los cientos de desahuciados de sus viviendas, a los trabajadores en situación precaria, a los autónomos que pasan enormes dificultades, a los pensionistas que ven como disminuye su capacidad adquisitiva, a tantos miles de jóvenes que no han tenido la oportunidad de realizar su primer trabajo remunerado.

La situación es de auténtica alarma social, y va mucho más allá de la protesta ante la enésima reforma laboral. Una reforma que requiere de una respuesta contundente, por supuesto, como lo será la huelga del 29, pero que apenas les va a importar a quienes se encuentran en paro, expulsados del mercado de trabajo.

Nadie duda de la profunda convicción abertzale de la izquierda independentista. Ese label se le otorga desde todo el arco político. Lo que se trata ahora, en medio de esta deteriorada situación económica, es de sacar lo mejor del componente de izquierdas y progresista que atesora, para plantear a la sociedad vasca alternativas viables al capitalismo realmente existente. Un capitalismo descontrolado que está empeorando las condiciones de vida de miles y miles de ciudadanos de este país. Un capitalismo al que hay que poner freno desde la izquierda política y social, porque de lo contrario, los retrocesos pueden ser históricos.

Estekak:

    2011/11/16

    Europa&Goldman&cía

    Sede de Goldman Sachs en New York
    Me he considerado siempre un europeísta tibio, escéptico, a favor de un continente en paz, sin armas nucleares, pero en contra de una Europa dominada por los intereses capitalistas de corto alcance. La actual crisis económico-financiera no ha hecho sino aumentar mi desconfianza con la Unión Europea, con todas sus inoperantes instituciones y con los gobiernos estatales más poderosos. La unión mercantil ha resultado insuficiente. O Europa da un paso al frente y se unifica fiscalmente, emitiendo deuda de forma unitaria y convergiendo mucho más en lo político, o no tiene futuro.

    Lo que pasa es que, sabiendo que la solución pasa por fortalecer Europa y sus débiles instituciones, me temo que en tal supuesto habría que repensarse la vocación europeísta de muchos, entre ellas la mía particular. Una Europa que no respetase la personalidad de Euskal Herria, en aras a un mayor centralismo de Bruselas, no sería plato de buen gusto en este país, ni tan siquiera entre los jelkides que se enorgullecen de haber compartido mesa y mantel con los padres fundadores, en tiempos de la democracia cristiana. Y es que la soberanía fiscal desaparecería, sin duda alguna.

    Sigo estimando el esfuerzo europeísta por superar los históricos conflictos interestatales que han daddo lugar a tantas guerras y disputas. A ese bagaje de entendimiento entre los pueblos me apunto sin recelo. Pero el espectáculo al que estamos asistiendo desde hace ya unos cuantos meses se está convirtiendo en insoportable. En estos momentos, en Europa nadie sabe qué hora es.

    Para mayor abundamiento en el recelo, hoy se difunde en los medios un dato estremecedor. El recién estrenado presidente del BCE, Mario Draghi; el nuevo primer ministro italiano, Mario Monti y su homólogo griego, Lucas Papademos, coinciden en haber sido todos ellos altos ejecutivos del banco estadounidense de inversiones Goldman Sachs. Solo hay que recordar que la crisis actual viene derivada de aquella inicial, que surgió precisamente por la operativa fraudulenta de los bancos de inversiones de Estados Unidos, entre ellos Goldman Sachs. Por lo tanto, se ha puesto al frente de esas instituciones a personas procedentes del propio origen del problema.

    Ante esta demostración de despotismo bancario, en la que los gobiernos surgidos de las urnas son sustituidos por otros de técnicos, en los que aparecen banqueros y militares, se hace necesario un serio replanteamiento de qué Europa queremos, qué Europa necesitamos e incluso si es el modelo actual de Unión Europea, dominado por Berlín y París, aceptable para los intereses mayoritarios del pueblo vasco. 


    Estekak:

    2010/06/01

    Incompetentes


    Con la maldita crisis económica que nos azota, todo el mundo habla de recortes, de aplazamientos, de redimensionamientos. Si la crisis sirviera para hacer llegar un poco de racionalidad a las administraciones, bienvenida. Me temo, no obstante, que se trata de operaciones de disimulo, hasta que los tiempos sean mejores. En ningún caso he asistido a una autocrítica consecuente de ninguna de las administraciones que soportamos, que son unas cuantas.

    El anuncio de que la tarjeta ONA dejará de ser impulsada, por no decir directamente que será anulada, tras emplear en la misma 11 millones de euros y conseguir difundirla entre unos 200.000 ciudadanos, es un ejemplo de incompetencia manifiesta. Yo la poseo porque en la biblioteca foral Koldo Mitxelena se propuso el cambio de los viejos carnets por la nueva txartela. Para el préstamo de libros funciona. Para el resto de utilidades ni siquiera la activé. Ahora bien, ¿qué hago yo ahora con la ONA? Esperaré a que algún amable funcionario me lo indique.

    Siguiendo con las tarjetas, las dedicadas al transporte también tienen su historia. En cada territorio foral disponemos de sistemas diferentes e incompatibles, lo que demuestra la riqueza y pluralidad de esta pequeña nación que descansa a ambos lados de los Pirineos. Otro día volveré a escribir sobre esa enfermedad contagiosa y estupidizante llamada provincialismo.

    Otra incompetencia. La tarjeta Lurraldebus facilita descuentos en el caso de las líneas guipuzcoanas de autobuses, incluida la de Pesa Donostia-Bilbao. Estaba previsto hace tiempo que el servicio se ampliase al topo de Euskotren y a cercanías de Renfe. Hasta ahora no ha habido avances, y dudo que los haya en lo que queda de 2010. La disparidad de criterios entre Gobierno Vasco, Diputación de Gipuzkoa y las compañías ferroviarias impide el acuerdo de confluencia y perjudica a los usuarios, obstaculizando el aumento de los mismos en el transporte público. Todo ello denota que los responsables del desaguisado jamás utilizan el bus o el tren y se desplazan siempre en coche oficial pagado por los contribuyentes.

    Si estamos de acuerdo en que el actual sistema de movilidad es insostenible, ¿por qué no se dan los pasos necesarios para ir mejorando el transporte público de forma permanente? Es cierto que las obras de desdoblamiento de las vías del topo está en marcha en algunos tramos, pero Euskotren está en manos del Gobierno Vasco desde hace ya treinta años. Que permanezcan en manos estatales las líneas de cercanías de Renfe y Feve en el 2010 es otro misterio insondable que nadie podrá aclararme. No tiene explicación lógica.

    Estamos en la hora de los recortes, solución no meditada sino de obligado cumplimiento dado el deterioro de las cuentas públicas. Tan sólo se pide que ese recorte se haga con racionalidad. Que prosigan las obras de desdoblamiento del topo, muy necesarias, y se suspenda sine die el proyecto de puerto exterior de Pasaia, absolutamente prescindible. Si de paso se adelgaza la Administración, eliminando duplicidades, miel sobre hojuelas.

    Postdata. Llama la atención que en esta coyuntura de recortes en inversiones se mantenga tal cual la dedicada a erigir la nueva catedral del Athletic de Bilbao, denominada en lenguaje híbrido castellano-vizcaino San Mamés Barria. Una inversión multimillonaria - 218 millones- en la que participa todo quisque institucional y hasta la misma BBK. ¿Es tan urgente derribar el actual estadio y construir uno nuevo para dos partidos al mes? ¿No hubiera sido más adecuado aplazar las obras y volver a estudiar todo el proyecto? ¿Por qué el fútbol se salva de la poda general?

    El mensaje que se traslada a la ciudadanía con este asunto no puede ser más  destructivo. Todo el mundo a apretarse el cinturón menos el Athletic, un equipo que no se distingue precisamente por otorgar muchas alegrías a sus seguidores, entre los que me encuentro.