Acaba enero con la sensación de que el terremoto Trump lo invade todo, pero la vida sigue lejos de la metrópoli estadounidense. No hay demasiados debates de ideas, en todo caso menos de los que se necesitan, pero alguno hay. El partido Sortu asiste a su segunda fundación en muy poco tiempo, lo que por un lado quiere decir que algo se ha hecho mal, pero por otro que hay capacidad de enmendar los errores. Diferentes ideas han salido a flote, en especial la de una República Vasca que signifique un paso adelante en el proceso soberanista. Una república, que a tenor de lo dicho por sus portavoces, puede que en vez de una sean tres, dadas las diferentes etapas que se viven en las distintas divisiones administrativas en las que se encuentra el país. Hablaremos próximamente de la cuestión.
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2017/01/31
2015/01/15
Mal empezamos
| www.lavanguardia.com |
Valga esta pequeña introducción para decir que el año viene torcido, como enrabietado, y que cualquier cosa puede ocurrir de aquí en adelante. Mal empezamos, desde luego. Da la impresión de que una constelación de estrellas fugaces y agujeros negros, negrísimos, se ha conjurado para mandar a pique a cualquier embarcación que intente sortear los procelosos mares del encanallamiento con base en Madriz. Sí, con zeta, como debe ser.
2014/12/08
40 años de sindicalismo abertzale de clase
Enredados en las disputas cotidianas, a veces perdemos la perspectiva histórica. Este pasado mes de noviembre, se cumple el cuarenta aniversario de la creación de Langile Abertzaleen Batzordeak (LAB). En sus inicios una organización de masas imbricada en la clase obrera, que posteriormente evolucionaría hacia la conformación de un sindicato abertzale de clase, lo que sigue siendo hoy en día.
No es el objetivo de este texto realizar una aproximación a esos fructíferos cuarenta años, sino a la génesis que dio lugar a la conformación de LAB en la última etapa del franquismo, con Franco aún en el poder. Para ello se debe comenzar por los antecedentes más o menos próximos.
No es el objetivo de este texto realizar una aproximación a esos fructíferos cuarenta años, sino a la génesis que dio lugar a la conformación de LAB en la última etapa del franquismo, con Franco aún en el poder. Para ello se debe comenzar por los antecedentes más o menos próximos.
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| Hitz aldizkaria, 4. zenbakia, Baiona, 1975eko maiatza, 30. orria. |
2012/11/12
Huelga no es sinónimo de panacea
Este miércoles está convocado en el Estado español un paro de 24 horas, al que casi todo el mundo llama huelga general cuando no lo es, por los sindicatos CCOO y UGT, y al que se han adherido algunos otros agentes como CNT, ESK, IU, Aralar o diversos colectivos sociales. La convocatoria oficial va contra los recortes y las reformas económicas, aunque los grupos minoritarios han añadido otra serie de reivindicaciones propias. Los sindicatos ELA y LAB no se han sumado al paro.
Lo primero que cabe decir ante este paro es que quienes lo convocan están en su derecho de hacerlo. Sobran razones para realizar una huelga de 24 horas, e incluso de mayor extensión. Cuestión distinta es que sea obligado sumarse al mismo, simplemente porque la situación sea difícil. Es necesario delimitar los fines de la acción de protesta y sopesar cómo han gestionado los convocantes huelgas anteriores.
En segundo lugar, el contexto es el que es. Venimos de una convocatoria de huelga en el mes de marzo, unida a la que la mayoría sindical vasca realizó el pasado mes de septiembre, la cual, dicho sea de paso, fue ninguneada por los convocantes de la actual. Repetir las convocatorias de huelga de forma contínua puede llegar a ser perjudicial para los intereses del movimiento obrero, sobre todo si la gestión de las mismas no es coherente.
Hay que reconocer que se extiende entre la clase trabajadora una doble convicción. Por un lado, que la huelga acotada a un día no es efectiva para parar a patronales y gobiernos neoliberales, como se está viendo en Grecia, y unida a ella, que la pérdida salarial que comporta, si se repite cada poco tiempo, se nota en las economías familiares.
En resumen, no se vive un ambiente de entusiasmo a la hora de responder a la convocatoria, ni a ésta ni a las anteriores. Un ambiente en el que también incide directamente el miedo de muchos trabajadores a perder el puesto de trabajo. Y ahí entramos en otra de las grandes contradicciones de este tipo de protestas, y es que los miles y miles de desempleados no pueden sumarse a la huelga por carecer de empleo. Ahora bien, sí que pueden adherirse a las movilizaciones que completan las diferentes convocatorias.
He leído con interés opiniones en prensa e internet de sindicalistas, políticos o expertos, argumentando que el 14N es una buena oportunidad para protestar. Estoy de acuerdo. Pero también lo era el 26S y en ese caso no se les oyó tanto. En realidad, tal y como están las cosas, cualquier fecha es una buena oportunidad para protestar, pero el asunto es cuál es el objetivo de la protesta y qué se va a hacer al día siguiente de la misma. La huelga por la huelga no es una panacea.
La trayectoria pactista de CCOO y UGT está fuera de toda duda. Han contribuido a estampar su firma en muchas de las reformas laborales que se han venido produciendo en las últimas décadas y, en general, han tenido buena parte de culpa en la derrota estratégica de la clase obrera. ¿Se puede olvidar todo ese bagaje de un día para otro, solo porque el 14N es una oportunidad de protestar? ¿Se puede dejar a un lado la política vergonzosa de estas dos centrales en Nafarroa, marginando a ELA y LAB y yendo de la mano de patronal y gobierno de UPN?
No se trata de cobrar facturas atrasadas, sino de practicar el sindicalismo con un mínimo de coherencia y honradez. Nadie puede asegurarnos que el 15N los secretarios generales de CCOO y UGT no estén esperando ser recibidos por la ministra de Empleo y el presidente de la CEOE para consensuar una nueva vuelta de tuerca en pensiones, jubilaciones, contratación laboral o subsidios de desempleo. Esos dos líderes sindicales y sus respectivas ejecutivas se han ganado la desconfianza de muchos miles de trabajadores, para que ahora quieran maquillar su imagen con una convocatoria de huelga lanzada sin convicción, sin ambición, más que nada para cumplir el expediente y seguir aburriendo a los trabajadores con su mantra sobre la necesidad de realizar un hipotético referéndum sobre las reformas.
Posdata: En otra ocasión trataremos sobre la eficiencia práctica del paro de 24 horas como herramienta de combate obrero y sindical. Si es necesario alargarlo por un mayor periodo de tiempo o si habría que activar otros tipos de protesta que pusieran en apuros a los responsables de tantos y tantos atropellos contra el estado del bienestar y las conquistas sociales obtenidas en base al sufrimiento y la lucha de la clase trabajadora.
Lo primero que cabe decir ante este paro es que quienes lo convocan están en su derecho de hacerlo. Sobran razones para realizar una huelga de 24 horas, e incluso de mayor extensión. Cuestión distinta es que sea obligado sumarse al mismo, simplemente porque la situación sea difícil. Es necesario delimitar los fines de la acción de protesta y sopesar cómo han gestionado los convocantes huelgas anteriores.
En segundo lugar, el contexto es el que es. Venimos de una convocatoria de huelga en el mes de marzo, unida a la que la mayoría sindical vasca realizó el pasado mes de septiembre, la cual, dicho sea de paso, fue ninguneada por los convocantes de la actual. Repetir las convocatorias de huelga de forma contínua puede llegar a ser perjudicial para los intereses del movimiento obrero, sobre todo si la gestión de las mismas no es coherente.
Hay que reconocer que se extiende entre la clase trabajadora una doble convicción. Por un lado, que la huelga acotada a un día no es efectiva para parar a patronales y gobiernos neoliberales, como se está viendo en Grecia, y unida a ella, que la pérdida salarial que comporta, si se repite cada poco tiempo, se nota en las economías familiares.
En resumen, no se vive un ambiente de entusiasmo a la hora de responder a la convocatoria, ni a ésta ni a las anteriores. Un ambiente en el que también incide directamente el miedo de muchos trabajadores a perder el puesto de trabajo. Y ahí entramos en otra de las grandes contradicciones de este tipo de protestas, y es que los miles y miles de desempleados no pueden sumarse a la huelga por carecer de empleo. Ahora bien, sí que pueden adherirse a las movilizaciones que completan las diferentes convocatorias.
He leído con interés opiniones en prensa e internet de sindicalistas, políticos o expertos, argumentando que el 14N es una buena oportunidad para protestar. Estoy de acuerdo. Pero también lo era el 26S y en ese caso no se les oyó tanto. En realidad, tal y como están las cosas, cualquier fecha es una buena oportunidad para protestar, pero el asunto es cuál es el objetivo de la protesta y qué se va a hacer al día siguiente de la misma. La huelga por la huelga no es una panacea.
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| Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo |
No se trata de cobrar facturas atrasadas, sino de practicar el sindicalismo con un mínimo de coherencia y honradez. Nadie puede asegurarnos que el 15N los secretarios generales de CCOO y UGT no estén esperando ser recibidos por la ministra de Empleo y el presidente de la CEOE para consensuar una nueva vuelta de tuerca en pensiones, jubilaciones, contratación laboral o subsidios de desempleo. Esos dos líderes sindicales y sus respectivas ejecutivas se han ganado la desconfianza de muchos miles de trabajadores, para que ahora quieran maquillar su imagen con una convocatoria de huelga lanzada sin convicción, sin ambición, más que nada para cumplir el expediente y seguir aburriendo a los trabajadores con su mantra sobre la necesidad de realizar un hipotético referéndum sobre las reformas.
Posdata: En otra ocasión trataremos sobre la eficiencia práctica del paro de 24 horas como herramienta de combate obrero y sindical. Si es necesario alargarlo por un mayor periodo de tiempo o si habría que activar otros tipos de protesta que pusieran en apuros a los responsables de tantos y tantos atropellos contra el estado del bienestar y las conquistas sociales obtenidas en base al sufrimiento y la lucha de la clase trabajadora.
2012/07/03
Política y contrapoder
"En nuestra opinión, no existe otros camino para la defensa de los intereses de clase que la movilización social, el reforzamiento de las organizaciones de contrapoder, la consolidación de alianzas sindicales y sociales con capacidad de propuesta alternativa y la interpelación no subordinada a la política". Este es, en resumen, el programa de acción del sindicato ELA-STV anunciado en prensa la pasada semana por su máximo dirigente Adolfo Muñoz.
Un programa que, a bote pronto, acerca ecos de organizaciones izquierdistas, incluso diría que revolucionarias. Pero que nadie se asuste, estamos hablando de un sindicato convencional, afiliado a la CES y a la CIS, y que a lo largo de sus cien años de existencia jamás ha practicado el aventurerismo, sino todo lo contrario.
Es más, si examinamos más a fondo el escueto programa, contemplaremos con más nitidez la verdadera esencia del mismo. El primer componente es la movilización social. Reciente queda lo ocurrido en la Administración de la CAPV. La espantada de ELA y STEE-EILAS fue de las que delimitan el campo de juego para próximas ocasiones. Si cuando las reformas para recortar derechos laborales se acrecientan la respuesta sindical mengua, la receta de la movilización social queda vacía.
El segundo elemento troncal que cita Muñoz es el reforzamiento de las organizaciones de contrapoder. Ante esta rotunda afirmación, habría que preguntarse cuáles son esas organizaciones de contrapoder. En un contexto general serían aquellas organizaciones que planteasen un proyecto radicalmente opuesto al actual entramado político-institucional. En el contexto de ELA, se trataría de afiliarse al sindicato, autoproclamado como de contrapoder desde la aparición del famoso ensayo de Paco Letamendia.
La tercera pata del banco que anuncia Muñoz habla de la consolidación de alianzas sindicales y sociales con capacidad alternativa. Las buenas intenciones se demuestran andando, haciendo un camino conjunto. Hace medio año que el propio Muñoz dio por rota la unidad de acción con LAB en base a confusas razones socio-políticas, relacionadas con la llegada de la izquierda soberanista a las instituciones. Repetir el mismo discurso de siempre, cuando la práctica cotidiana es la contraria, acaba por convertirlo en hueco.
La dirección de ELA, desde los tiempos de Elorrieta, ha mantenido en primer plano de su acción político-sindical el mantra de "ETA sobra y estorba". Curiosamente, apenas dos meses después del anuncio de cese de la actividad armada de la organización clandestina, el sindicato mayoritario decide acabar con la conjunción de fuerzas con LAB.
Sostiene Muñoz como cuarto eje vertebrador de su programa de acción la interpelación no subordinada a la política. El mensaje es claro y, además de nítido, presenta un tinte reaccionario. La traducción para que todo el mundo lo entienda es que ELA contempla la crítica a las instituciones sin tener en cuenta quien las gestiona. Para Muñoz no existe diferencia apreciable entre PNV, PSOE, PP y Bildu, por tanto hay que desacreditar a todos por igual.
Quien esto dice es la misma persona que ha defendido con insistencia, desde la secretaría general de su central, la necesidad de puesta en marcha de un proceso soberanista, de una acumulación de fuerzas, una vez que ETA se retirara de la escena. Todo el mundo sabe que esa agrupación de agentes soberanistas se llama Bildu-Amaiur, y que sus componentes coinciden en su programa político con lo que dice defender ELA. Entonces, ¿a qué estamos jugando? ¿Con quién quiere hacer ese proceso el sindicato mayoritario? ¿Quiere, verdaderamente, llevarlo a cabo?
Lo del tinte reaccionario viene a cuento porque, de forma soterrada, se puede vislumbrar un desprecio hacia la política, como si esta fuera algo negativo en sí mismo.Un desprecio que ya sostuvieron en su momento los llamados "eladios" y que ahora parece entroncar con posturas defendidas desde los colectivos autodenominados "indignados". La creciente tendencia de ELA a rehuir la política, abandonando, por ejemplo, espacios de participación en diversos organismos institucionales, puede deberse a la frustración por no sentirse identificada con ninguna de las grandes ofertas que se disputan la representación democrática en este país. Es una postura legítima, pero de ahí al nihilismo político solo va un paso.
Un programa que, a bote pronto, acerca ecos de organizaciones izquierdistas, incluso diría que revolucionarias. Pero que nadie se asuste, estamos hablando de un sindicato convencional, afiliado a la CES y a la CIS, y que a lo largo de sus cien años de existencia jamás ha practicado el aventurerismo, sino todo lo contrario.
Es más, si examinamos más a fondo el escueto programa, contemplaremos con más nitidez la verdadera esencia del mismo. El primer componente es la movilización social. Reciente queda lo ocurrido en la Administración de la CAPV. La espantada de ELA y STEE-EILAS fue de las que delimitan el campo de juego para próximas ocasiones. Si cuando las reformas para recortar derechos laborales se acrecientan la respuesta sindical mengua, la receta de la movilización social queda vacía.
El segundo elemento troncal que cita Muñoz es el reforzamiento de las organizaciones de contrapoder. Ante esta rotunda afirmación, habría que preguntarse cuáles son esas organizaciones de contrapoder. En un contexto general serían aquellas organizaciones que planteasen un proyecto radicalmente opuesto al actual entramado político-institucional. En el contexto de ELA, se trataría de afiliarse al sindicato, autoproclamado como de contrapoder desde la aparición del famoso ensayo de Paco Letamendia.
La tercera pata del banco que anuncia Muñoz habla de la consolidación de alianzas sindicales y sociales con capacidad alternativa. Las buenas intenciones se demuestran andando, haciendo un camino conjunto. Hace medio año que el propio Muñoz dio por rota la unidad de acción con LAB en base a confusas razones socio-políticas, relacionadas con la llegada de la izquierda soberanista a las instituciones. Repetir el mismo discurso de siempre, cuando la práctica cotidiana es la contraria, acaba por convertirlo en hueco.
La dirección de ELA, desde los tiempos de Elorrieta, ha mantenido en primer plano de su acción político-sindical el mantra de "ETA sobra y estorba". Curiosamente, apenas dos meses después del anuncio de cese de la actividad armada de la organización clandestina, el sindicato mayoritario decide acabar con la conjunción de fuerzas con LAB.
Sostiene Muñoz como cuarto eje vertebrador de su programa de acción la interpelación no subordinada a la política. El mensaje es claro y, además de nítido, presenta un tinte reaccionario. La traducción para que todo el mundo lo entienda es que ELA contempla la crítica a las instituciones sin tener en cuenta quien las gestiona. Para Muñoz no existe diferencia apreciable entre PNV, PSOE, PP y Bildu, por tanto hay que desacreditar a todos por igual.
Quien esto dice es la misma persona que ha defendido con insistencia, desde la secretaría general de su central, la necesidad de puesta en marcha de un proceso soberanista, de una acumulación de fuerzas, una vez que ETA se retirara de la escena. Todo el mundo sabe que esa agrupación de agentes soberanistas se llama Bildu-Amaiur, y que sus componentes coinciden en su programa político con lo que dice defender ELA. Entonces, ¿a qué estamos jugando? ¿Con quién quiere hacer ese proceso el sindicato mayoritario? ¿Quiere, verdaderamente, llevarlo a cabo?
Lo del tinte reaccionario viene a cuento porque, de forma soterrada, se puede vislumbrar un desprecio hacia la política, como si esta fuera algo negativo en sí mismo.Un desprecio que ya sostuvieron en su momento los llamados "eladios" y que ahora parece entroncar con posturas defendidas desde los colectivos autodenominados "indignados". La creciente tendencia de ELA a rehuir la política, abandonando, por ejemplo, espacios de participación en diversos organismos institucionales, puede deberse a la frustración por no sentirse identificada con ninguna de las grandes ofertas que se disputan la representación democrática en este país. Es una postura legítima, pero de ahí al nihilismo político solo va un paso.
2012/01/30
ELA no suma
Las recientes declaraciones a la prensa del secretario general del sindicato ELA, Adolfo Muñoz, en las que da por rota la mayoría sindical con LAB, dan pie para realizar algunas reflexiones sobre sindicalismo, proyecto político, autonomía, soberanismo y progresismo. Lo primero que se debe decir es que el sindicato ELA es muy libre para tomar las decisiones que estime más oportunas, si bien en este caso ha faltado a las mínimas normas de cortesía con un socio de largo recorrido como es LAB. Liquidar la mayoría sindical en una entrevista en “Gara”, sin una previa interlocución con el socio directamente afectado, no es una práctica muy ejemplar que digamos.
Pero dejando a un lado las formas, manifiestamente mejorables, vayamos al fondo. La argumentación de Muñoz incluye una preocupante mala fe, ya que asimila de forma gratuita a la coalición electoral Bildu con el sindicato LAB y traslada la mezquina idea de que al aparecer Bildu en las instituciones, (al no existir diferencias entre Bildu y LAB) es como si el propio sindicato abertzale estuviese en esas instituciones, lo que le invalidaría para formar parte al mismo tiempo de la mayoría sindical. Tal vez la mala memoria le haya llevado a Muñoz a recordar sus tiempos de joven militante en los que ELA y PNV venían a ser una misma cosa, y por ello cree que Bildu y LAB lo sean, lo que no se sostiene si se realiza un análisis mínimamente honesto. Pero es que además, la postura de Muñoz está afirmando implícitamente que eran mejores los tiempos en los que la izquierda abertzale (socio integrante de Bildu) no estaba en las instituciones. Ni en las papeletas de las cabinas electorales, añado. En aquel escenario de ilegalización forzosa era perfectamente posible, al parecer, la mayoría sindical.
Habrá que volverle a recordar a Muñoz, y a ELA en general, que en la coalición Bildu se reúnen personas de Eusko Alkartasuna, Alternatiba, Izquierda Abertzale e independientes. Y que en esas diversas adscripciones políticas hay militantes que están afiliados a CCOO, a LAB e incluso, como él mismo sabrá de primera mano, a su sindicato. Por lo tanto, realizar un ejercicio de identificación directa entre Bildu y LAB es un atrevimiento, ya que carece de base probatoria que lo justifique. Del mismo modo y variando la dirección de la flecha, se podría asegurar que un importante porcentaje de los afiliados y afiliadas de ELA dan su voto al Partido Nacionalista Vasco, pero de esa circunstancia no se puede derivar, de forma gratuita, que exista una relación directa entre ambas organizaciones.
Resulta asimismo desconcertante que cuando los principales obstáculos, señalados como impedimentos para un trabajo en común, han sido superados, en especial la estrategia político-militar de ETA, la central que dirige Muñoz dé un claro paso hacia atrás. La dirección de ELA se mantuvo durante muchos años en una firme postura de exigencia a ETA, que se venía a resumir en la frase acuñada por su ex secretario general, José Elorrieta: “ETA sobra y estorba”. Pues bien, ahora que la organización clandestina deja todo el protagonismo a los agentes políticos y sociales, la unidad de acción sindical se les antoja poco menos que imposible. ¿Era la postura de ELA una mera pose para presionar a la izquierda abertzale?
No podemos olvidar, por otra parte, que es ahora, en este preciso momento, cuando se está construyendo una alternativa soberanista y de izquierdas, aglutinante socio-politica de una mayoría social de este país que se identifica con esas ideas-fuerza. El secretario general de ELA dice en la entrevista citada que “en este país hay lucha de clases, a la vez que hay lucha por la soberanía nacional”. Precisamente es ese nuevo bloque emergente, sustanciado en Bildu y en Amaiur, el único agente político que conecta con esa misma afirmación. Obviamente, ni el PP, ni el PSOE ni el PNV pueden asumir esa frase definitoria, pero en un ejercicio de contradicción extrema, Muñoz achaca precisamente a ese nuevo sujeto la imposibilidad de desarrollo de la unidad de acción sindical.
Y de esa constatación se infiere una derivada aún más preocupante. El sindicato ELA se sitúa fuera de los cuatro proyectos políticos realmente existentes en Euskal Herria, y lo hace repartiendo críticas a diestra y siniestra, no parando en barras, y equiparando, por ejemplo, la politica fiscal de la derecha con la que está empezando a diseñar Bildu en Gipuzkoa, en medio de un escenario muy poco propicio debido a la grave crisis económica que padecemos.
Hoy es el día en que muchas gentes que viven de cerca los problemas del sindicalismo internacional, coinciden en señalar la necesidad de que ese sindicalismo tenga un anclaje en un proyecto sociopolítico definido, un proyecto que no cabe asimilar a unas siglas concretas, pero sí a una amalgama de partidos, agentes sociales, asociaciones e iniciativas diversas, pero con un nexo común referido al deseo irrenunciable de construir un modelo alternativo al capitalismo realmente existente.
En cambio, ELA se aferra a un supuesto bien superior, cifrado en su autonomía de las formaciones políticas, que sitúa al sindicato en un espacio, a la larga, no beligerante. Un espacio en el que poder gestionar con mayor solvencia las contradicciones internas que puedan surgir desde una base social, mayoritaria entre sus afiliados, que no comulga con la puesta en escena izquierdista de su actual ejecutiva.
Cuando se tratan asuntos de calado, como el que intenta abordar este artículo, no cabe llamarse a engaño. En este pequeño país todos nos conocemos y todos sabemos de qué pie cojeamos. Es cierto que ELA atesora decenas de miles de afiliados, pero también lo es que ese amplio corpus social no muestra señales de coherencia ni de firmeza a la hora de expresar públicamente su identificación con la lucha de clases y la lucha de liberación nacional. Si así hubiera sido durante estos años, el panorama sociopolítico vasco sería ahora mucho más rico y se encontraría mucho más cerca del ansiado reconocimiento del derecho a decidir.
Quienes tenemos ya unos años sabemos, además, que el sindicato ELA sostuvo, hasta la famosa Declaración de Gernika de octubre de 1997, al autonomismo en la CAPV, en alianza implícita con PNV y PSE. Su reconversión al soberanismo es bien reciente, apenas los últimos quince años en una larga trayectoria de cien. Por tanto, los últimos en llegar, y a trompicones, al soberanismo, no deben ser los que más méritos atesoren para dar lecciones a quienes han estado de forma nítida por la conjunción de lucha social y lucha nacional desde el mismo momento de su fundación, va para 35 años.
Publicado en "Gara" [2012-01-29]
Pero dejando a un lado las formas, manifiestamente mejorables, vayamos al fondo. La argumentación de Muñoz incluye una preocupante mala fe, ya que asimila de forma gratuita a la coalición electoral Bildu con el sindicato LAB y traslada la mezquina idea de que al aparecer Bildu en las instituciones, (al no existir diferencias entre Bildu y LAB) es como si el propio sindicato abertzale estuviese en esas instituciones, lo que le invalidaría para formar parte al mismo tiempo de la mayoría sindical. Tal vez la mala memoria le haya llevado a Muñoz a recordar sus tiempos de joven militante en los que ELA y PNV venían a ser una misma cosa, y por ello cree que Bildu y LAB lo sean, lo que no se sostiene si se realiza un análisis mínimamente honesto. Pero es que además, la postura de Muñoz está afirmando implícitamente que eran mejores los tiempos en los que la izquierda abertzale (socio integrante de Bildu) no estaba en las instituciones. Ni en las papeletas de las cabinas electorales, añado. En aquel escenario de ilegalización forzosa era perfectamente posible, al parecer, la mayoría sindical.
Habrá que volverle a recordar a Muñoz, y a ELA en general, que en la coalición Bildu se reúnen personas de Eusko Alkartasuna, Alternatiba, Izquierda Abertzale e independientes. Y que en esas diversas adscripciones políticas hay militantes que están afiliados a CCOO, a LAB e incluso, como él mismo sabrá de primera mano, a su sindicato. Por lo tanto, realizar un ejercicio de identificación directa entre Bildu y LAB es un atrevimiento, ya que carece de base probatoria que lo justifique. Del mismo modo y variando la dirección de la flecha, se podría asegurar que un importante porcentaje de los afiliados y afiliadas de ELA dan su voto al Partido Nacionalista Vasco, pero de esa circunstancia no se puede derivar, de forma gratuita, que exista una relación directa entre ambas organizaciones.
Resulta asimismo desconcertante que cuando los principales obstáculos, señalados como impedimentos para un trabajo en común, han sido superados, en especial la estrategia político-militar de ETA, la central que dirige Muñoz dé un claro paso hacia atrás. La dirección de ELA se mantuvo durante muchos años en una firme postura de exigencia a ETA, que se venía a resumir en la frase acuñada por su ex secretario general, José Elorrieta: “ETA sobra y estorba”. Pues bien, ahora que la organización clandestina deja todo el protagonismo a los agentes políticos y sociales, la unidad de acción sindical se les antoja poco menos que imposible. ¿Era la postura de ELA una mera pose para presionar a la izquierda abertzale?
No podemos olvidar, por otra parte, que es ahora, en este preciso momento, cuando se está construyendo una alternativa soberanista y de izquierdas, aglutinante socio-politica de una mayoría social de este país que se identifica con esas ideas-fuerza. El secretario general de ELA dice en la entrevista citada que “en este país hay lucha de clases, a la vez que hay lucha por la soberanía nacional”. Precisamente es ese nuevo bloque emergente, sustanciado en Bildu y en Amaiur, el único agente político que conecta con esa misma afirmación. Obviamente, ni el PP, ni el PSOE ni el PNV pueden asumir esa frase definitoria, pero en un ejercicio de contradicción extrema, Muñoz achaca precisamente a ese nuevo sujeto la imposibilidad de desarrollo de la unidad de acción sindical.
Y de esa constatación se infiere una derivada aún más preocupante. El sindicato ELA se sitúa fuera de los cuatro proyectos políticos realmente existentes en Euskal Herria, y lo hace repartiendo críticas a diestra y siniestra, no parando en barras, y equiparando, por ejemplo, la politica fiscal de la derecha con la que está empezando a diseñar Bildu en Gipuzkoa, en medio de un escenario muy poco propicio debido a la grave crisis económica que padecemos.
Hoy es el día en que muchas gentes que viven de cerca los problemas del sindicalismo internacional, coinciden en señalar la necesidad de que ese sindicalismo tenga un anclaje en un proyecto sociopolítico definido, un proyecto que no cabe asimilar a unas siglas concretas, pero sí a una amalgama de partidos, agentes sociales, asociaciones e iniciativas diversas, pero con un nexo común referido al deseo irrenunciable de construir un modelo alternativo al capitalismo realmente existente.
En cambio, ELA se aferra a un supuesto bien superior, cifrado en su autonomía de las formaciones políticas, que sitúa al sindicato en un espacio, a la larga, no beligerante. Un espacio en el que poder gestionar con mayor solvencia las contradicciones internas que puedan surgir desde una base social, mayoritaria entre sus afiliados, que no comulga con la puesta en escena izquierdista de su actual ejecutiva.
Cuando se tratan asuntos de calado, como el que intenta abordar este artículo, no cabe llamarse a engaño. En este pequeño país todos nos conocemos y todos sabemos de qué pie cojeamos. Es cierto que ELA atesora decenas de miles de afiliados, pero también lo es que ese amplio corpus social no muestra señales de coherencia ni de firmeza a la hora de expresar públicamente su identificación con la lucha de clases y la lucha de liberación nacional. Si así hubiera sido durante estos años, el panorama sociopolítico vasco sería ahora mucho más rico y se encontraría mucho más cerca del ansiado reconocimiento del derecho a decidir.
Quienes tenemos ya unos años sabemos, además, que el sindicato ELA sostuvo, hasta la famosa Declaración de Gernika de octubre de 1997, al autonomismo en la CAPV, en alianza implícita con PNV y PSE. Su reconversión al soberanismo es bien reciente, apenas los últimos quince años en una larga trayectoria de cien. Por tanto, los últimos en llegar, y a trompicones, al soberanismo, no deben ser los que más méritos atesoren para dar lecciones a quienes han estado de forma nítida por la conjunción de lucha social y lucha nacional desde el mismo momento de su fundación, va para 35 años.
Publicado en "Gara" [2012-01-29]
2009/04/01
Complicidades
Dijo un tal Karl Marx que cuando la historia se repite lo hace en clave de farsa, o algo parecido. Por lo tanto, no se trata de repetir intentos que ya se hicieron, hace ahora diez años, más o menos. Si entonces no funcionaron es muy probable que ahora tampoco lo harían.
Ahora bien, eso no significa que no haya que aprender de lo andado y en esa tarea nos puede servir la experiencia denominada Lizarra-Garazi. En aquel intento fracasado jugaron un importante papel los sindicatos ELA y LAB con su unidad de acción. Una experiencia que rompía con años de enfrentamiento entre dos sensibilidades diferentes del abertzalismo, una que venía del sindicalismo cristiano y el PNV y otra que surgió en los aledaños de ETA.
Esa entente cordial en el ámbito sindical se pudo trasladar al político, y ahí nació el Acuerdo de Lizarra, básicamente nacionalista, pero en el que también participaron fuerzas no abertzales como Ezker Batua.
Viene todo esto a cuento de la convocatoria de Huelga General anuanciada por la mayoría sindical para el próximo 21 de mayo. Se trata de una movilización para denunciar los efectos de la crisis económica en el empleo, la multiplicación de expedientes en las empresas y el aumento del número de parados. No es una huelga política en el mal sentido de la palabra, sino que es estrictamente laboral. Cosa distinta es que a posteriori se realicen lecturas políticas de la misma, todas ellas legítimas.
Tras años de distanciamiento, para no ser crueles, las dos grandes centrales abertzales han unido fuerzas con un objetivo común. Sin menospreciar al resto de convocantes, a los que hay que respetar por su grado de representación en sus ámbitos de actuación respectivos, es indudable que el peso de la protesta recae sobre ELA y LAB. Un eje que, al calor de la protesta, puede suscitar nuevas complicidades entre las dos culturas sindicales, complicidades que puede servir para engrasar otras bisagras.
Aunque es pronto para realizar análisis más profundos, el apoyo de la izquierda abertzale y Aralar a la convocatoria de huelga puede ser una buena señal. Habrá que esperar el posicionamiento de EA y de otros agentes políticos del país, como Nafarroa Bai, para establecer nuevas conjeturas.
El aire que se respira en el movimiento abertzale es lo suficientemente gélido como para ponerse a voltear campanas. Alguien ha dicho recientemente que no se trata de sacar más conejos de la chistera, sino de trabajar con seriedad. Que nadie piense que esta nota sustenta la tesis de que la Huelga General es el primer paso de un nuevo Lizarra o algo parecido. Pero un obstáculo para ese objetivo unitario tampoco va a ser, eso seguro.
2007/11/25
Hobetuz como síntoma
La denuncia realizada por los sindicatos ELA y LAB con respecto al instituto para la formación continua Hobetuz son el mejor diagnóstico realizado últimamente sobre la verdadera política del Gobierno Ibarretxe. Por una vez nos encontramos con una postura coherente frente al ninguneo de una Administración autonómica autista, que tan sólo piensa en la supervivencia de sus privilegios de casta.
Al Gobierno Ibarretxe no hay por dónde cogerlo, dadas sus inconsecuencias e incoherencias. Un Gobierno diezmado por las disputas, que se permite pactar las diferencias entre partidos, como en el caso del TAV, y que es absolutamente incapaz de liderar, siquiera al tercio occidental de este país. Están basando toda su política en dos fantasmas: el del procesamiento al lehendakari, que quedará en agua de borrajas, y el de la consulta del 25 de octubre, que también quedará abortada por falta de energía que la impulse.
Se baten en retirada de todos los frentes y encima su particular impostura ya no causa asombro, por repetida. Los discursos de supuesta firmeza de Miren Azkarate dan risa, las acometidas por la izquierda de Madrazo producen hilaridad y el corte de voz de Azkarraga para el fin de semana da lástima. Eso es todo lo que hay.
Por lo tanto, la digna decisión sindical debe ser aplaudida y extendida a otros ámbitos. Que se queden solitos, guarecidos en su chiringito autonómico, que sigan intercambiando cromos con el PSOE, presupuestos aquí o allá por medio, y dejen de intentar dar miedo a Madrid con muecas oxidadas.
Este debe ser un tiempo dedicado a la construcción (o mejor reconstrucción) nacional, no a los apaños de Ibarretxe, Urkullu, Egibar y compañía. No dan más de sí, están infectados de comodidad y carecen totalmente de alma abertzale o cosa que se le parezca.
Es hora de sacar la cabeza del cubo de basura que nos ofrece Madrid y levantarla hacia Europa, hacia Escocia y Kosovo, hacia las naciones que quieren ser de verdad plenas. Basta de comunidades de regantes y asociaciones filatélicas teñidas de nacionalismo light. Hay que dar un puñetazo encima de la mesa y decir: ¡Aquí estamos los baskones, no queremos seguir por más tiempo siendo esclavos de nada ni de nadie!
Al Gobierno Ibarretxe no hay por dónde cogerlo, dadas sus inconsecuencias e incoherencias. Un Gobierno diezmado por las disputas, que se permite pactar las diferencias entre partidos, como en el caso del TAV, y que es absolutamente incapaz de liderar, siquiera al tercio occidental de este país. Están basando toda su política en dos fantasmas: el del procesamiento al lehendakari, que quedará en agua de borrajas, y el de la consulta del 25 de octubre, que también quedará abortada por falta de energía que la impulse.
Se baten en retirada de todos los frentes y encima su particular impostura ya no causa asombro, por repetida. Los discursos de supuesta firmeza de Miren Azkarate dan risa, las acometidas por la izquierda de Madrazo producen hilaridad y el corte de voz de Azkarraga para el fin de semana da lástima. Eso es todo lo que hay.
Por lo tanto, la digna decisión sindical debe ser aplaudida y extendida a otros ámbitos. Que se queden solitos, guarecidos en su chiringito autonómico, que sigan intercambiando cromos con el PSOE, presupuestos aquí o allá por medio, y dejen de intentar dar miedo a Madrid con muecas oxidadas.
Este debe ser un tiempo dedicado a la construcción (o mejor reconstrucción) nacional, no a los apaños de Ibarretxe, Urkullu, Egibar y compañía. No dan más de sí, están infectados de comodidad y carecen totalmente de alma abertzale o cosa que se le parezca.
Es hora de sacar la cabeza del cubo de basura que nos ofrece Madrid y levantarla hacia Europa, hacia Escocia y Kosovo, hacia las naciones que quieren ser de verdad plenas. Basta de comunidades de regantes y asociaciones filatélicas teñidas de nacionalismo light. Hay que dar un puñetazo encima de la mesa y decir: ¡Aquí estamos los baskones, no queremos seguir por más tiempo siendo esclavos de nada ni de nadie!
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