El pasado mes de enero, cuando el empresario estadounidense Donald Trump tomó posesión de su cargo de presidente de EE.UU., dio comienzo oficialmente el primer año de la nueva peste. Se trata de una enfermedad muy contagiosa, terriblemente molesta y, en el fondo, letal. Una peste que a diferencia de las que asolaron Europa en la Edad Media, no ataca a los tejidos corporales, sino que lo hace invadiendo el pensamiento de millones de ciudadanos, que acaban sometiendo su voluntad a los intereses de las grandes corporaciones tecnológicas, industriales y bancarias.
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| Santiago Abascal y Donald Trump. Foto: Linkedin |
Esta peste, que nació en el periodo de entreguerras del siglo XX y alcanzó su máxima expresión en los regímenes totalitarios de Alemania e Italia, viene ahora envuelta en papel de regalo, para evitar que se puedan adivinar sus verdaderas intenciones. Sin embargo, puede ser tan dañina como la anterior versión, el fascismo. Ahora, con las excepciones del asalto al Capitolio o el intento de golpe de Bolsonaro en Brasil, dice respetar las instituciones, pero no sabemos hasta qué punto lo hará.