2026/09/15

Autogobierno

Avanzado ya 2026, al que apenas le queda un tercio de su recorrido, resulta evidente que el horizonte 2030 ha quedado obsoleto. Los políticos, los politólogos y la sociedad en general, comienzan a poner el foco en el horizonte 2050, o sea, en cómo estarán las cosas dentro de 24 años. De hecho el Gobierno español ha puesto en marcha, impulsada desde la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, la iniciativa "España 2050".

El Gobierno Vasco reunido en el Palacio Miramar de Donostia. Foto: Orain

Todo organismo o entidad mínimamente seria tiene la obligación de pensar con esa perspectiva para posicionarse en todas las grandes cuestiones, como la economía, la ecología, las migraciones, el gasto en armamento, los conflictos regionales o los desafíos de las fuerzas reaccionarias. Conformarse con planes a cinco años vista es la mejor garantía de un fracaso estratégico a largo plazo.

Mientras el tablero político mundial está patas arriba tras la intervención de canallas como Donald Trump, Benjamin Netanyahu o Javier Milei, en nuestro pequeño país inexistente las fuerzas políticas se entretienen en asuntos como la profundización del autogobierno: Un respetable propósito que deja orillado el verdadero debate que se debe afrontar en ese horizonte 2050. ¿Será Euskal Herria independiente para esa fecha? ¿Se habrá garantizado, negro sobre blanco, el ejercicio de derecho de autodeterminación del pueblo vasco?

En los últimos años han sido varios los reveses sufridos por diferentes movimientos independentistas, como es el caso de Quebec o más recientemente el de Escocia, con resultados electorales teñidos de altibajos, en parte originados por errores del propio SNP. Pero tal vez sea el resultado del proceso independentista en Catalunya lo que más ha influido en el apaciguamiento de las ansias independentistas en Euskal Herria. El quiero y no puedo del proceso catalán ha contribuido sin duda a enfriar los ánimos por aquí.

El camino trazado por el independentismo vasco consistía, según han reconocido algunos de los protagonistas, en que una vez superada la etapa de la lucha armada y tras desaparecer la violencia la mayoría social independentista se haría notar en las calles del país produciéndose una especie de primavera árabe a la vasca. Sin embargo las cosas no han sido así, al contrario, en los últimos años ha descendido el porcentaje de población que se autodefine como independentista. Aún y todo ronda el 25% en las encuestas producidas por organismos alejados, sino enfrentados, a dicha ideología, lo que supone un suelo interesante para comenzar a construir hacia ese horizonte 2050.

Un planteamiento abierto pero firme en la definición independentista, que aparque subterfugios como el llamado "derecho a decidir" y camine de frente hacia el objetivo. Un camino que tal vez pueda enganchar a los adolescentes de hoy, jóvenes maduros en el 2050. Enganche que no vemos claro respecto a esquemas de autogobierno que suenan a lenguaje tecnocrático y sofisticado, incapaz de encender los corazones de nuestra juventud. 

En el momento en el que todas las derechas se quitan la máscara liberal y adoptan posturas neonazis o neofascistas, la izquierda independentista debería hacer frente a esa oleada reaccionaria haciendo gala, sin ambages, de la defensa del derecho de secesión. Si ellos proclaman en sus programas la eliminación del estado de las autonomías, la izquierda realmente existente debería introducir en sus programas electorales el apoyo a la vía independentista, pasqse lo que pasase. ⧫ 

   

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