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2012/12/17

Dios salve al lehendakari

Urkullu jura su cargo en Gernika. www.noticiasdealava.com
Iñigo Urkullu Rentería, encartado de Irauregi-Alonsotegi, es el nuevo lehendakari de la CAPV, la entidad administrativa que, según Joseba Egibar, reúne a tres de cada cuatro ciudadanos vascos. Es curioso que los tres últimos inquilinos de Ajuria Enea hayan nacido en municipios relativamente cercanos. Entre Laudio, Portugalete y Alonsotegi no hay grandes distancias, porque las tres localidades pertenecen a la zona de influencia de Bilbao, la auténtica capital vasca.

Dejado ese pequeño apunte geográfico, habrá que señalar que la tarea a la que se enfrenta es muy complicada. Lo mejor será, como cantaban hace ya treinta años los inolvidables Derribos Arias, que Dios salve al lehendakari, porque falta le va a hacer. Tres son las cuestiones centrales que pretende atacar Urkullu: la crisis económica, la normalización política y el nuevo estatus para la CAPV.

Tiempo habrá para profundizar en las tres vertientes. Ahora lo que urge es plantear soluciones alternativas frente a ellas. Por el momento, no las conocemos. Más allá de alguna reducción de la Administración autonómica (debería comenzar por la Ertzaintza) y del latiguillo de que no hará experimentos en Economía, poco nos ha adelantado el nuevo lehendakari. Bueno, algo si. Que los temas importantes se deben tratar en el Parlamento y no en foros ajenos o que lo del nuevo estatus lo fecha para 2015.

Uno quiere abordar la crítica al nuevo lehendakari y su Gobierno con talante conciliador, más que nada por tratarse de un encartado. Pero la verdad es que pocos asideros nos está dejando para formular propuestas en positivo. En primer lugar, es cierto que el PNV fue el partido más votado, pero quedó muy lejos de la mayoría absoluta. Las opciones para alcanzar acuerdos, la palabra más repetida por Urkullu en sus intevenciones, se reducen al PSE-EE y EH-Bildu, en el sentido de que con esos grupos lograría una cómoda posición en la cámara. La tercera opción es un acuerdo con el PP que implique a Rajoy en ciertos temas de calado. No parece muy probable.

Por otro lado, las declaraciones de Egibar y Ortuzar, previsible nuevo hombre fuerte del partido, en relación a EH Bildu no ofrecen muchas opciones al pacto. Las intervenciones de Laura Mintegi y Julen Arzuaga, tampoco.

Al final, como casi siempre, queda la opción del PSE. Una opción difícil, tras el reciente paso (desastroso) de Patxi López y su equipo por el Gobierno. En todo caso, a priori se antoja como la más factible.

Urkullu, rememorando a Bartleby el escribiente, el entrañable personaje de Melville, entonaría al ser preguntado sobre la oprtunidad de ese pacto con el PSE: Preferiría no hacerlo. Estamos de acuerdo en que lo preferiría, pero con 27 escaños, a once de la mayoría, algo tendrá que hacer el político encartado para poner en marcha sus proyectos, si es que los tiene.

2012/07/11

En la duda, con Madrid

Da la impresión de que el gabinete de crisis de Sabin Etxea tiene sobre la mesa encuestas muy preocupantes. Es la única explicación para que líderes del partido jeltzale se animen a arremeter contra la izquierda abertzale como si se tratase del mismo demonio. Ya en tiempos de Arzalluz se hablaba en esos círculos de la Albania del Cantábrico como proyecto de la entonces Herri Batasuna. Ahora se tacha de estalinistas y marxistas a los de la izquierda abertzale y se hacen distingos entre Bildu y ésta. En Bildu hay buena gente, por supuesto, pero los malos de la IA van a acabar acaparándolo todo.

Con estos juegos florales, Urkullu y Egibar, Egibar y Urkullu, tratan de enmascarar su verdadera estrategia política. Una estrategia que pasa en este momento por desgastar a la izquierda soberanista y para ese fin supremo no hacen ascos a aliarse con el PP, un partido nada sospechoso de estalinista ni de marxista, como el propio PNV.

Desde amplios sectores de la izquierda abertzale se ha propiciado históricamente la necesidad de una conjunción de intereses entre los jeltzales y la propia IA. Ahí están los intentos encabezados por Txillardegi, Telesforo de Monzón o la Declaración de Bergara, intentos buenistas que nunca han llegado a Maltzaga. La tesis de que existen bases sanas en el partido jeltzale es cierta. Otra cosa es que esas bases se animen a dar el salto, cuestión harto dudosa.

Y es que resulta que la dirección de ese conglomerado nacionalista, siempre que afronta una encrucijada, acaba por mirar hacia Madrid, dejando en la estacada a quien le propone, con buena fe, una colaboración estratégica en el camino hacia el reconocimiento efectivo del derecho a decidir. Habrá que volver a recordarles, por si alguien lo ha olvidado por Alonsotegi, que Juan José Ibarretxe fue lehendakari de la CAPV gracias a los votos de los estalinistas de la IA, y que cuando ésta fue proscrita por la metrópoli, el contubernio PP-PSOE accedió a Ajuria Enea sin mayor problema.

Las pequeñas encrucijadas de estos últimos tiempos nos indican el camino que puede recorrer el PNV. En el asunto de Kutxabank, con el PP; en el asunto de la incineradora, las basuras y Alduntzin, con el PP y el PSOE; en el asunto de las relaciones privilegiadas, con Rajoy; en el asunto de la paz y la convivencia, con PP y PSOE... Podríamos seguir, pero no merece la pena.

En Sabin Etxea tienen una sola preocupación: que EH Bildu no les sobrepase en votos en las próximas elecciones al parlamento de la CAPV. Lo demás, la crisis económica, la construcción de la paz, los líos entre Urrutia y Bielsa, han pasado a un segundo plano. Saben que el sorpasso en el ámbito de las formaciones de obediencia vasca es posible. Que puede llegar en estos comicios o en los siguientes. Para evitarlo no van a escatimar medios, ya sea agitando el espantajo comunista o blandiendo la gastada tesis de Egibar de que ellos siempre tienen razón, tanto en 1975 como en la actualidad. Y es que a quien tiene a su lado la invocación del Señor de las Alturas y de las Leyes Viejas no le debe hacer falta contar los votos, por ejemplo los cosechados últimamente en Gipuzkoa.