Con estos juegos florales, Urkullu y Egibar, Egibar y Urkullu, tratan de enmascarar su verdadera estrategia política. Una estrategia que pasa en este momento por desgastar a la izquierda soberanista y para ese fin supremo no hacen ascos a aliarse con el PP, un partido nada sospechoso de estalinista ni de marxista, como el propio PNV.
Desde amplios sectores de la izquierda abertzale se ha propiciado históricamente la necesidad de una conjunción de intereses entre los jeltzales y la propia IA. Ahí están los intentos encabezados por Txillardegi, Telesforo de Monzón o la Declaración de Bergara, intentos buenistas que nunca han llegado a Maltzaga. La tesis de que existen bases sanas en el partido jeltzale es cierta. Otra cosa es que esas bases se animen a dar el salto, cuestión harto dudosa.
Y es que resulta que la dirección de ese conglomerado nacionalista, siempre que afronta una encrucijada, acaba por mirar hacia Madrid, dejando en la estacada a quien le propone, con buena fe, una colaboración estratégica en el camino hacia el reconocimiento efectivo del derecho a decidir. Habrá que volver a recordarles, por si alguien lo ha olvidado por Alonsotegi, que Juan José Ibarretxe fue lehendakari de la CAPV gracias a los votos de los estalinistas de la IA, y que cuando ésta fue proscrita por la metrópoli, el contubernio PP-PSOE accedió a Ajuria Enea sin mayor problema.
Las pequeñas encrucijadas de estos últimos tiempos nos indican el camino que puede recorrer el PNV. En el asunto de Kutxabank, con el PP; en el asunto de la incineradora, las basuras y Alduntzin, con el PP y el PSOE; en el asunto de las relaciones privilegiadas, con Rajoy; en el asunto de la paz y la convivencia, con PP y PSOE... Podríamos seguir, pero no merece la pena.
En Sabin Etxea tienen una sola preocupación: que EH Bildu no les sobrepase en votos en las próximas elecciones al parlamento de la CAPV. Lo demás, la crisis económica, la construcción de la paz, los líos entre Urrutia y Bielsa, han pasado a un segundo plano. Saben que el sorpasso en el ámbito de las formaciones de obediencia vasca es posible. Que puede llegar en estos comicios o en los siguientes. Para evitarlo no van a escatimar medios, ya sea agitando el espantajo comunista o blandiendo la gastada tesis de Egibar de que ellos siempre tienen razón, tanto en 1975 como en la actualidad. Y es que a quien tiene a su lado la invocación del Señor de las Alturas y de las Leyes Viejas no le debe hacer falta contar los votos, por ejemplo los cosechados últimamente en Gipuzkoa.