2009/07/20

Manzanas podridas


"Tenemos un cesto muy valioso en el que han aparecido manzanas podridas". De esta forma tan gráfica resume el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, los problemas de corrupción que aquejan en los últimos tiempos a la entidad que preside, especialmente a la Hacienda Foral, en una entrevista concedida al diario "El país". Añade Olano que hay que extirpar esas manzanas y yo me pregunto a qué espera para hacerlo, porque todo parece indicar que el ente foral no ha tomado ninguna medida disciplinaria de alcance sobre las personas implicadas. Una de ellas, que trabajó muy cerca del anterior diputado general, se encuentra destinado en una institución foral situada junto al edificio donostiarra de Correos. Y no se dedica precisamente a pegar sellos.

El escándalo de la Hacienda de Irun, el confuso incendio de la propia sede de Errotaburu, el caso del ex senador Víctor Bravo, la trama de empresas ubicadas en la avenida de Tolosa, así como otras cuestiones turbias como lo ocurrido en torno al Museo Balenziaga, han dañado de forma seria la credibilidad de la institución foral. Los gastos suntuosos de González de Txabarri en su última etapa tampoco contribuyen a mejorar la imagen del ente. Intentar, por medio de bonitas palabras, que el asunto pase más o menos desapercibido, es un error monumental.


Son demasiados casos concatenados para suponer que se trata de meras casualidades. Son muchos los guipuzcoanos que piensan que las cosas no se han hecho de forma correcta y la mejor manera de disipar la creciente desconfianza que arroja la institución foral es cortar por lo sano, depurar las responsabilidades que se hayan contraído en el desempeño de funciones adscritas al departamento de Hacienda y contribuir de la forma más clara y transparente con la justicia para que los culpables sean detectados, investigados y enjuiciados.


La tentación de proteger a los compañeros o ex compañeros de partido siempre va a estar presente, pero la sola sospecha de que se ejerce algún tipo de protección para con los imputados puede venirse en contra de los actuales gestores forales. Hasta el momento, todas sus actuaciones han estado presididas por la prudencia. Una virtud, sin duda, pero que ejercida con demasiado celo puede dar lugar a malos entendidos. Si Markel Olano y su actual equipo gestor, buena parte del mismo en manos de ex dirigentes de EA (hoy Alkarbide), no cogen el toro por los cuernos y dan una lección de trasparencia y rigor, acabarán envueltos por el manto espeso de la corrupción. Porque en estos asuntos tan pecado es cometer la falta como no ser diligente para detectarla y corregirla.


La sensación general de que en la Hacienda de Gipuzkoa ha habido muchos años de falta de celo, por no decir algo más rotundo, se ha establecido en la opinión pública. La única manera de disiparla es actuando con diligencia, caiga quien caiga, aunque en la limpieza de esas manzanas podridas se vean salpicadas personalidades políticas de primera línea, que de todo puede suceder vistos los antecedentes del caso.

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