Dos situaciones paralelas en el tiempo me han llevado a escribir este apunte. Por un lado las interminables negociaciones en Catalunya y Bélgica para intentar conformar un Govern que deje a un lado la vigencia del artículo 155. Por otra el anuncio de que las ciudadanas de la CAPV podrán enviar sus reflexiones a la ponencia parlamentaria sobre el nuevo estatus.
Nada tienen que ver las dos cuestiones, pero detrás de ambas subyace un grave problema que aqueja a la inmensa mayoría de los sistemas autodenominados democráticos, las democracias formales occidentales. El problema es la falta de participación política de la ciudadanía más allá de emitir el voto (o abstenerse) cuando se convocan elecciones de diverso calado.