2023/03/31

Vasos comunicantes

Si ponemos en contacto dos vasos con diferente volumen o concentración de líquido, los niveles de ambos tenderán a igualarse. Esa es, más o menos, la teoría de los vasos comunicantes. Aplicada a la política vendría a decir que en el momento que una formación política hace dejación, de forma voluntaria o inconsciente, de parte de su espacio político, aparecerá otra u otras, que vengan a ocupar ese espacio determinado.

Manifestación de GKS en Bilbao el pasado 28 de enero. Foto: Luchadeclases.org

Los movimientos de traslación política de fondo, como los vividos en Euskal Herria a partir del 2011, generan dinámicas que llegan a alterar el ecosistema político general del país. Si el principal actor de la izquierda pasa de una estrategia de resistencia y combate a otra marcada preferentemente por la política institucional, habrá quien pretenda aprovechar la coyuntura para intentar ganar espacio a cuenta de los protagonistas de esa ciaboga.

Se trata de una realidad que ha acompañado a la historia de la política desde siempre. Cuando los partidos socialdemócratas europeos abandonaron la lucha obrera y la calle para encaramarse en las instituciones, surgieron los partidos comunistas clásicos y otras formaciones de izquierda comunista revolucionaria, como el POUM, amén del auge de las organizaciones anarquistas. Pero una misma formación, por muy de amplio espectro que pretenda ser, no puede aunar en sus filas a gentes de centro izquierda, socialistas, comunistas y marxistas-leninistas. Es materialmente imposible. Se hace camino al andar y cada decisión que se toma ante las diferentes encrucijadas, va decantando a la organización hacia un rumbo u otro.

Viene toda esta introducción a cuenta de las especulaciones y análisis sobre la aparición de Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), embrión del llamado Mugimendu Sozialista. Se trata de una formación joven, de izquierda radical, en la que militan muchos jóvenes vascos, que se muestran críticos con el devenir de la izquierda independentista, a la que etiquetan de burguesa. No ha surgido de una escisión de esa izquierda abertzale, sino que ha crecido al margen, como expresión comunista radical que parece satisfacer las aspiraciones políticas de un sector de los jóvenes de Euskal Herria.

Esta formación ha entendido que la izquierda independentista ha puesto más huevos en la cesta de lo nacional que en la de lo social, lo que consideran un error, amén de un peligro para que prosperen tendencias institucionalistas y pragmáticas. Es por ello que rehúyen una definición clara en su enfoque nacional. No se declaran independentistas, sino comunistas internacionalistas, en un posicionamiento que a los más veteranos nos trae recuerdos de fenómenos similares como el FLP (los felipes) o el mismo Movimiento Comunista de Euskadi (MCE-EMK). En sus movilizaciones se pueden ver abundantes banderas rojas, pero no así ikurriñas.

Sin embargo, a la militancia de GKS esa indefinición sobre el hecho nacional no le supone un mayor problema, porque se consideran comunistas euskaldunes, una alternativa a los jóvenes que se identifican con la trayectoria histórica de la izquierda abertzale. Buen ejemplo de ello sería su amplia presencia en zonas euskaldunes, como en general su arraigo en Gipuzkoa. En pueblos o eskualdes como Azpeitia, Hernani o Goierri los jóvenes, en su día a día, se expresan en euskara, y en consecuencia viven con mayor preocupación la pérdida de reivindicaciones obreras y no tanto las reivindicaciones de carácter nacional o cultural.  Además se da la circunstancia de que muchos de los jóvenes que se sienten cercanos al Mugimendu Sozialista son hijos e hijas de militantes de esa misma izquierda abertzale a la que critican. En mi entorno cercano conozco unos cuantos casos.

Desde algunos medios de comunicación se sobrevalora el alcance del fenómeno de GKS, sobredimensionando los incidentes entre la formación juvenil y la izquierda abertzale, creando contradicciones para erosionar a la izquierda abertzale y forzándola a posicionarse. Desde otros medios, en cambio, se opta por restarle importancia a la irrupción de este grupo, ignorando sus movilizaciones, lo que tampoco es el mejor camino. La realidad es tozuda y no cabe evitarla. Facilitar un marco de convivencia en el que cada opción política pueda desarrollar su trabajo sin interferencias externas y desde el respeto al otro es la mejor receta a futuro.

El objetivo común de la izquierda realmente existente de Euskal Herria debe ser luchar contra la explotación social y la opresión nacional. Todos los actores que estén por esa tarea libertaria acabarán confluyendo de una y otra forma en las calles, en las aulas, en los talleres y en los tajos. En ese camino de lucha se reducirán las diferencias y crecerán las afinidades. Tiempo al tiempo. ⧫ 



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