2010/10/10

Incoherencias de izquierdas

El presidente de Venezuela dijo hace unos días que no se podía hacer caso a los testimonios de los ciudadanos vascos Xabier Atristain y Juan Carlos Besunze sobre supuestos entrenamientos militares en aquella república, ya que se trataba de criminales sanguinarios sin moral y sin calidad humana. A todo esto, los dos ciudadanos vascos han denunciado haber sufrido torturas durante el periodo de incomunicación al que han sido sometidos por las fuerzas de seguridad españolas. Por lo tanto, Hugo Chávez, en vez de llamar la atención en que esas supuestas declaraciones ante la policía habían sido realizadas de forma forzada y en que estas dos personas no han sido juzgadas y se les debe respetar la presunción de inocencia, se atreve a lanzar graves acusaciones no probadas. Es cierto que poco después el embajador de Venezuela en Madrid observó una postura mucho más digna que la de su máximo responsable, pero esa aclaración no quita responsabilidad a lo dicho por Chávez.

Gente cercana a quien escribe trata de disculpar al líder bolivariano argumentando que dichas declaraciones son un escudo para quitarse presión de la ofensiva diplomática que se le avecina. Puede ser, pero si el señor Chávez se porta de este modo en coyunturas que nos son tan conocidas, por repetidas, las dudas sobre su comportamiento en cuestiones de las que no tenemos tantos datos, tenderán a crecer.

Digo todo esto por la vieja costumbre asentada en nuestro país de simpatizar con gran facilidad con revoluciones lejanas, especialmente latinoamericanas, sin conocer al detalle su desarrollo. ¿Alguien se acuerda hoy de los zapatistas y el Subcomandante marcos? ¿En qué ha quedado el sandinismo de los hermanos Ortega? ¿Es el actual presidente de El Salvador un líder de izquierdas? ¿De qué pie cojean Lula, Múgica o Lugo?

Líbreme Dios de caer en operaciones de acoso y derribo contra el régimen de Venezuela como las encabezadas por diarios como "El País", partidos como el PP o políticos trasnochados como Anasagasti e Iturgaiz. Todos sabemos el interés que tienen las multinacionales hispanas en socavar a los gobiernos de ese país o al de Bolivia. Pero una cosa es brindar el apoyo a los nuevos caminos de la izquierda latinoamericana y otra muy diferente otorgarle un visado de progresismo para todas sus iniciativas. Todo el mundo se equivoca y a veces conviene resaltar esos errores para que no se vuelvan a repetir en el futuro. El papanatismo, aunque se vista de izquierdas, sigue siendo papanatismo.

He traído a colación el caso de Venezuela a propósito de algunos pequeños grupos que se denominan socialistas o comunistas revolucionarios vascos, que se mueven sobre todo en internet y que no tienen empacho en criticar con dureza los valientes pasos que está dando la izquierda abertzale, tildándolos de "reformistas" y otros epítetos que prefiero no reproducir, a la vez que pretenden dar lecciones de izquierdismo apoyando la convocatoria de huelga general en España realizada por CCOO y UGT el pasado 29 de septiembre. Si no secundabas la huelga de esos dos sindicatos te tachaban de "esquirol". Parece que todavía no se han enterado de que la huelga general en Euskal Herria se hizo tres meses antes, en junio, y que apoyar todas las convocatorias de protestas que se hagan, en aras a una supuesta unidad de la clase obrera (española), es un argumento que estaba ya caduco en los primeros años setenta.

Todas las opiniones son respetables, faltaría más, pero el ejercicio del oportunismo político no es el mejor método para aunar criterios en pos de una izquierda vasca que debe aspirar en un futuro a liderar el cambio en Euskal Herria. Una izquierda que tenga los pies en su tierra y que no se deje enredar por quienes se sienten más empeñados en marcos ajenos que en el marco nacional propio.  


 

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