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| Periko Solabarria Bilbao |
A pesar de ser un fenómeno cada día más en desuso, a veces nos encontramos ante nosotros con hombres (o mujeres) que mueren de pie. Gentes que a lo largo de su vida han permanecido fieles a unas ideas que se relacionan con la decencia, con la dignidad, con la solidaridad, con el compromiso con los débiles, con la denuncia de los abusos de los poderosos. Las tenemos cerca, las apreciamos, pero tan solo las valoramos en toda su dimensión cuando nos dejan, cuando quedamos huérfanos de su presencia, de su magisterio ético y político.
Don Pedro Solabarria Bilbao, Periko para casi todos, era de esos hombres incomparables, en el sentido de que daba vergüenza compararse con él, tanta era la diferencia en la entrega entre él y los demás. Nunca cejaba en su empeño, siempre decía que sí, jamás se rindió, nunca hincó sus rodillas. Fue un cura obrero, o mejor un obrero cura, de los que hace tiempo dejaron de fabricarse por falta de materiales adecuados.
