Hace ya muchos años, el 15 de enero de 1976, recién muerto y sepultado el dictador Franco, un festival musical de Lluís Llach en el Palacio de los Deportes de Montjuic (Barcelona) aglutinó el hambre de democracia de muchos catalanes bajo el grito unánime de Llibertat, amnistía, estatut d'autonomía. Da la impresión de que, desde la lejanía en la que escribo, las cosas han cambiado bastante en ese país. Superados la amnistía y los brotes de lucha armada en el Principat, por parte de Terra Lliure, vaciado el Estatut de contenido mediante sentencia del Tribunal Constitucional español en 2010, de esa terna de reivindicaciones populares tan solo se mantiene en pie la principal: la Llibertat que se entonaba con rabia aquellas noches de enero.
