La dinámica internacional de la llamada izquierda resulta, al menos, controvertida. Por no decir decepcionante. Ahí tenemos lo ocurrido en Grecia con Syriza y Tsipras, los radicales que han apuntalado el sistema vigente; el apoyo de parte de esa izquierda mundial a los abusos contra el pueblo cometidos por el tándem familiar Ortega-Murillo en la ex sandinista Nicaragua; el sostén a la candidatura de Lula da Silva, preso por corrupción, no por comunista; o la reciente puesta en escena de Aufstehen (En Pie), un movimiento ¿de izquierdas? que trata de combatir el auge de la ultraderecha xenófoba en Alemania con sus mismas armas, es decir, atajando la migración.
Con esta izquierda viejuna no vamos a ir muy lejos, pero es que las otras izquierdas tampoco dan una a derechas, valga la broma. El Movimiento 5 Estrellas se alía con La Liga xenófoba de Salvini y el PCP portugués defiende el soberanismo del húngaro Víctor Urban, en fin, mejor no seguir recopilando datos.