| Foto: Garazitxu |
Tras el anuncio por parte de ETA del cese definitivo de su actividad armada, el pasado 20 de octubre, el Gobierno de turno, ya en funciones, no pudo gestionar la cuestión como es debido. Había que esperar al 20N y sería el nuevo gobierno quien lo hiciera. De acuerdo. Pues bien, ya tenemos nuevo gobierno. Se han anunciado las primeras medidas económicas, algunas de ellas contradictorias con lo afirmado en campaña, pero del asunto que nos ocupa nada de nada.
Desde los entornos del PP, con algunos matices, se sigue insistiendo en que los pasos dados, incluido el reconocimiento del daño casuado, siguen siendo insuficientes, y que es necesario que ETA anuncie su disolución y su completo desarme. Es una legítima posición política, sin duda. Pero la política no consiste solamente en marcar la posición, sin hacer ningún movimiento. Y si no, que se lo pregunten a la izquierda abertzale, que siempre ha marcado una posición nítida, pero que también ha sido capaz en los dos últimos años de mover todo su corpus social hacia planteamientos estrictamente pacíficos y democráticos. Con notable éxito electoral, por cierto.
Hasta el momento, la postura oficial del PP, más allá de algunos desmarques puntuales de Oyarzabal o Maroto, es inmovilista. Una posicionamiento que no hace sino alimentar la estrategia de acumulación de fuerzas soberanistas, como se vio ayer en Bilbao, con más de cien mil personas reclamando la repatriación de presos y exilados, el fin del la "doctrina Parot" o la excarcelación de los presos enfermos y de los que ya tienen las 3/4 partes de su pena cumplida.
Rajoy, su gobierno y su partido pueden seguir en su inmovilismo. Están en su derecho. Pero deben saber que, si continúan con esas coordenadas, la presión va a seguir subiendo en Euskal Herria y en el ámbito internacional. Nadie va a entender a estas alturas que Madrid no haga el más mínimo gesto para asentar el camino de la paz. Sería una posición tan ruin que no se iba a entender en modo alguno.
Es cierto que el presidente español se va a entrevistar próximamente, para hablar de estos asuntos, con el lehendakari López y el presidente del PNV Iñigo Urkullu, pero quizá deba ser un poco más audaz y hablar con quienes le pueden informar más directamente de la cuestión. Una mayoría social de Euskal Herria se ha puesto en marcha y cuantos más obstáculos se pongan en su camino, más va a crecer en ilusión y en determinación, dando ejemplo de coherencia, civismo y altura de miras. El pueblo habló ayer en Bilbao. Quien tenga que escuchar, que escuche.