2026/05/14

Obituarios

Estas últimas semanas han sido pródigas en obituarios de personas relevantes en la política y la sociedad vasca: los profesores Ramón Zallo y Paco Letamendia Ortzi, el periodista Xabier Sánchez Erauskin y el lehendakari Carlos Garaikoetxea, entre otros. Diferentes enfoques, diversas trayectorias pero una misma pasión, Euskal Herria. Lejos de mi intención glosar aquí los méritos de todos ellos, ni de juzgarles, tan solo pretendo lanzar algunas reflexiones sobre la relatividad de ciertos acontecimientos históricos.

Carlos Garaikoetxea en un acto electoral de Bildu. 

Si nos ceñimos al caso más relevante, el de Garaikoetxea, nos encontramos con la práctica unanimidad en los elogios por parte de los medios de comunicación y ls representantes políticos en torno a su figura. Unanimidad de la que él no disfrutó en su día, cuando presidía el Gobierno Vasco y era criticado con dureza, tanto por los sectores españolistas como desde la propia izquierda abertzale. También hemos escuchado estos días expresiones venidas desde personas de su entorno político e institucional. como "el padre de la patria", "el arquitecto de la Euskadi moderna" y similares, 

Si estamos dispuestos a realizar un ejercicio de sinceridad, habrá que reconocer las virtudes de un hombre que aterrizó en la política desde la defensa a pie de obra del euskara en su Nafarroa natal. Que lo fue todo en su partido, el PNV, y en el entramado institucional de la CAPV, que ayudó a construir desde la nada. Méritos que no le reconoció en su día la izquierda abertzale, que estaba en otra historia, y que ahora elogia a quien tuvo la osadía de acompañar a EH Bildu como punto de encuentro del abertzalismo progresista de este país- 

Se puede decir que Garaikoetxea estuvo a la vez en misa y repicando, ya que fue presidente del Euzkadi Buru Batzar del PNV desde 1977 a 1980, año en el que llegó a presidir el Consejo General Vasco, para encarnar con posterioridad la figura de lehendakari, Lo fue todo en el nacionalismo institucional, pero también tuvo sus sombras. Desde el PNV se han multiplicado las alabanzas en la hora de su muerte, pero en el seno del partido sigue escociendo la batalla intestina que acabó en una gran escisión, a raíz de la Ley de Territorios Históricos (LTH). Una ley que pretendía delimitar el campo de juego entre el Gobierno Vasco y las tres diputaciones forales.La ley originó una enorme división en el seno del partido, entre quienes defendían un mayor poder del Gobierno autonómico y quienes optaban por reforzar el papel de las diputaciones forales. Dicen los expertos que la LTH fue la excusa perfecta para acabar con el poder que acumulba el lehendakari, que, todo hay que decirlo, se empeñó en el asunto de la LTH hasta forzar la ruptura, que desembocó en 1986 en la creación de Eusko Alkartasuna (EA).

Y ahora vienen las preguntas: ¿Quién acertó en la etapa que dio a luz la actual división administrativa entre la CAPV y la Comunidad Foral de Navarra? ¿Tenían razón los pragmáticos que decían que había que construir lo que buenamente fuera posible? ¿O aquellos que cuestionaban la nueva realidad autonómica por insuficiente y vascongada?

Trascurridos 45 años de todo aquel conjunto de cuestiones, la Constitución, el Estatuto, el Amejoramiento, el Golpe de Estado militar, la LOAPA, el "café para todos, etc, es difícil componer una idea redonda y cerrada sobre todo ello. No solo porque los tiempos han cambiado enormemente sino también porque nosotros hemos cambiado, evolucionado o nos hemos adaptado a las nuevas realidades, que de todo ha habido. Cuando tienes 20 años, como era mi caso, en el momento de aprobarse el Estatuto (que llamábamos de la Moncloa) éramos absolutamente críticos con la operación, que desde nuestro independentismo radical sentíamos como una traición. Visto desde el momento presente, reconozco que esa postura de rechazo fue posible sostenerla porque otras opciones, como la de Garaikoetxea, hacían, pese a las dificultades, el "trabajo sucio" de crear la Ertzaintza, Osakidetza o EiTB. Es decir, el actual entramado autonómico, limitado, con carencias, pero que va logrando cosas y cuyo mayor baldón es haber mantenido la división territorial en dos comunidades autonómicas, en vez de construir un solo ente vasconavarro.

El lehendakari Carlos Garaikoetxea fue siempre fiel a su idea de país, democrático, moderno, con justicia social y euskaldun, y no prtagonizó bandazos ideológicos dignos de ser señalados, estuviese dentro del PNV o en Eusko Alkartasuna, En definitiva, fue una persona coherente. Por desgracia, no todos los políticos de este país pueden decir lo mismo. ⧫



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