Estos días hemos asistido a una catarata de informaciones acerca del nuevo papa de la Iglesia Católica, Jorge Mario Bergoglio, entronizado como Francisco. No pienso tratar aquí del futuro de la cristiandad, fenómeno por el que guardo interés cultural que no religioso. Lo que quiero citar son las noticias referidas a la humildad del tal Francisco, su devoción por los pobres y desposeídos y, sobre todo, su amor por los trenes.