2014/03/06

La agonía del PSN

El Partido Socialista de Navarra (PSN) es hoy, más que nunca, una mera sucursal del PSOE. Siempre que debe afrontar una decisión de calado se ve constreñido por las órdenes provenientes de la sede madrileña de Ferraz. Ya lo avisó Soraya Sáenz de Santamaría cuando recordó, desde su tribuna de La Moncloa, que el asunto de Nafarroa era estratégico para España. Pérez Rubalcaba tan solo ha confirmado lo dicho por la vicepresidenta del Gobierno español, al prohibir la presentación de la moción de censura, incluso una hipotética lanzada por otra formación de la oposición. 


Decida lo que decida la ejecutiva que preside Roberto Jiménez, la suerte está echada. Sin autonomía de decisión y dando de nuevo la espalda a la opinión mayoritaria de sus votantes, el PSOE entrará en barrena en las próximas elecciones navarras, se convoquen ahora o dentro de seis meses. La única función a la que puede estar destinado el PSN es la de apuntalar, dentro del Gobierno foral o desde el Parlamento, a UPN. A la hora de buscar alternativas a la política derechista y corrupta del partido de Barcina, nadie cuenta ya con Jiménez y su equipo.

El papelón de Jiménez no es nuevo. Es la mera continuación de lo que hicieron sus antecesores, empezando por Gabriel Urralburu, quien protagonizó el principal volantazo, al acometer la ruptura de la federación vasco-navarra del PSOE, creando lo que hoy conocemos como PSN, un verdadero dique de contención contra la unidad territorial de Euskal Herria.

Sorprenderse a estas alturas de la deriva del PSN, alimentada por el centralismo enfermizo del PSOE, es de necios. Esperar que el partido de Jiménez y Lizarbe jugase un papel diferente, de estúpidos. No existe margen de maniobra para otra política. Resulta imposible una alianza, aunque sea cosida con alfileres, entre la sucursal navarra del PSOE y formaciones como Geroa Bai o Bildu. Esa línea roja nunca será traspasada. Se traspasó una vez con el Gobierno tripartito de Otano, cuyo programa incluía una Dieta vasco-navarra, pero aquel proyecto se hundió en horas, gracias a una antológica primera página de Diario de Navarra. La corrupción, una vez más.

Basar una estrategia de cambio profundo en la política navarra en la participación, aunque sea de comparsa, del PSOE, es un brindis al sol. Conviene recordar que Roberto Jiménez no es parte de la solución, sino que es parte central del problema. Él también cobró dietas de la CAN y además tuvo la desvergüenza de no devolverlas, declarando que eran totalmente legales. Situar a Jiménez en el bando progresista solo puede conducir, una vez más, a la frustración y al hastío.

Dicho esto, siempre queda la posibilidad de envolverse en un sueño y pensar que Jiménez y los suyos van a desobedecer a Ferraz y presentar la moción de censura contra Barcina, arriesgando su propia expulsión del PSOE. Soñar es gratis, pero a veces los sueños más dulces terminan convirtiéndose en pesadillas.

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