2008/04/18

A desfalco por museo


Hay una cuestión en la que PNV y PSOE están unidos íntimamente: su relación con la honradez. Ambos la desconocen. Son innumerables los casos históricos perpetrados por personas o cargos públicos ligados a los dos partidos. Sin entrar en hemerotecas, recuerdo en relación al PSOE, a Roldán, los hermanos Guerra, las oposiciones de Osakidetza, los GAL, Mariano Rubio, los fondos reservados, Urralburu, el caso Otano... y podía seguir extendiéndome. En lo que respeta al PNV está el asunto de las tragaperras, el BISF de García Egocheaga, Azpiegitura, Urnietatel, Haciendas de Bizkaia e Irun, Museo Balenciaga y ahora mismo las andanzas financieras del señor Cearsolo en el Museo Guggenheim.

No es casualidad que ocurran estas cosas. Todo está delimitado para favorecer que sucedan y que salga ahora el lehendakari Ibarretxe intentando darnos leciones de honradez resulta, cuando menos, penoso. El tráfico de influencias, el amiguismo y el enchufismo han sido moneda de curso legal dentro del modo de actuar de un partido que lleva demasiados años encaramado en los círculos del poder autónomico, foral y municipal. Al final, el político o administrador de turno se cree dueño de su área de actuación y acaba haciendo de su capa un sayo.

Vemos asombrados la imagen del diputado de Hacienda de Gipuzkoa, Peio González, dando el pistoletazo de salida a la campaña del IRPF desde la sede de Irun, la de Bravo y sus amigos. Afirma que allí trabajan 16 empleados ejemplares que no tienen que cargar con la culpa de un delincuente. Muy bien, señor González, me deja usted consternado, perdón por dudar de la honradez de Hacienda, Lo que no me explico es qué demonios hacían esos 16 empleados ejemplares cuando delante de sus narices el señor Bravo hacía y deshacía a su antojo, convirtíéndose con el paso de los años en un millonario que deslumbraba lujo a su paso. ¿No sospecharon nada?

Es un cuento tan viejo el del desfalco desde el poder, que no merece la pena insistir mucho. Lo ocurrido en el Guggenheim debiera hacer reflexionar a algunos dirigentes políticos, pero no lo hará. Pasarán de puntillas, esperando que el tiempo borre el desaguisado. Y luego vendrán otros Guggenheim, otros Balenciaga, otros Urnietatel. Y el partido de la honradez dejará de serlo. Y tan sólo habrán ganado quienes robaron y no devolvieron, quienes amparados en un clima moral disoluto han arramplado con la caja de los cuartos,. Y mientras, Josu Jon Imaz, desde la distancia, observa cauteloso la campaña de Obama y Clinton, tal vez dudando entre teñirse la piel o colocarse una peluca a la hora de su definitivo asalto a la Lehendakaritza. Y no dirá nada de lo ocurrido. Dos museos, dos desfalcos, ¿cuál será el tercero?

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