2018/10/06

¿Hablamos de Québec?

El soberanismo vasco, si tal concepto existe como tal, va variando sus modelos a imitar según transcurren los años y evolucionan los procesos. La provincia canadiense francófona de Québec fue durante un dilatado periodo de tiempo asunto recurrente, sobre todo tras las consultas realizadas en 1980 y 1995 y posteriormente con debates en torno a la llamada Ley de Claridad, que establecía un marco jurídico para ejercer una posible secesión. 


François Legault, líder de Avenir Québec. Foto: cbc.ca
En otros tiempos se ha hablado de Flandes, de Escocia, hasta de Kosovo o las repúblicas bálticas, pero Québec siempre ha estado más o menos presente, con los lógicos altibajos. Salvo en la actualidad, en la que los pobres resultados del soberanismo obligan a torcer el gesto a más de uno. Aunque no apetezca, ¿hablamos de Québec?


Antes de nada conviene decir que Québec es una de las provincias más pobladas de Canadá, que se encuentra en el Este de ese país, que es una región industrial con muy poco desempleo (5%) y que su economía crece al 3% anual. En definitiva es una de las zonas más prósperas de Canadá, con su capital, Montreal, a la cabeza.

Hay que decir que en las últimas ocasiones en el gobierno se han ido turnando el Parti Québécois, en la actualidad dirigido por Jean François Lisée y el Liberal, encabezado por Philippe Couillard, último primer ministro, ya dimitido. Sin embargo, en los últimos comicios, celebrados el pasado día 1 de octubre, la victoria ha sido para Coalition Avenir Québec (Futuro de Québec), que ha logrado un 37,42% de los sufragios y 74 escaños en el parlamento, de un total de 125. Este grupo, fundado hace unos pocos años por un ex ministro de Educación del Parti Québécois, François Legault, ha destrozado el sistema tradicional de partidos en base a un discurso anti-inmigración, alejado de las posturas independentistas y contrario a la posibilidad de un tercer refrendo de autodeterminación. En las pasadas elecciones, CAQ había logrado un 23% del voto y 22 escaños. Gobernará con mayoría absoluta.

El Parti Liberal ha pasado de tenerlo todo, 41,5% de los votos y 70 escaños, a sufrir una estrepitosa derrota que le ha dejado en segundo lugar, con el 24,82% del voto y 32 escaños. Pese a que la economía iba relativamente bien, las perspectivas de mantenerse en el gobierno se han ido al traste, lo que aboca a la formación liberal, eje central de la política canadiense, a acometer una profunda reestructuración interna tras la renuncia de Couillard.


Manon Maseé, cabeza de lista de Québec Solidaire. Foto: QS

Por su parte, el Parti Québécois, no hace tanto tiempo en el Gobierno, ha pasado del 25,38% del voto en los anteriores comicios de 2014 a un exiguo 17%, y de tener 30 escaños a poseer nueve. De no afrontar una profunda renovación en sus planteamientos, esta histórica formación, principal núcleo del independentismo, puede acabar en la irrelevancia política, ya que por su izquierda ha surgido una alternativa, Québec Solidarie, encabezada desde el año pasado por la feminista Manon Maseé, que se ha quedado a un punto en porcentaje de voto, con el 16% y con un escaño más, cuando hace cuatro años disponía de un 7,6% del voto y tan solo 3 puestos en el parlamento québécois.

Del 48,42% al 33%

Conviene recordar, ahora que estamos tan perplejos con lo sucedido en Catalunya, que en 1995 se llevó a cabo una consulta, con una pregunta un tanto liosa, en la que el 48,42% de la población (votó un 93,5% del censo) dio el si a la separación, mientras que el 50,58% dio el no a la misma. Aunque no es extrapolable el dato, la suma de los dos partidos soberanistas daría un porcentaje afirmativo del 33%, pero algunas encuestas realizadas sitúan el actual apoyo a la independencia incluso por debajo, en un 25%. Hay que tener en cuenta que de los 14 asuntos más interpelados durante la campaña, la independencia ha sido él último.

Una primera conclusión es que las oportunidades, como la de 1995, hay que aprovecharlas, porque tal vez no se vuelvan a repetir en mucho tiempo. Si en aquella coyuntura el resultado hubiera sido a la inversa, favorable al sí por muy poco, se habría abierto una negociación de igual a igual entre Canadá y Québec, país que probablemente gozaría de asiento en la asamblea de la ONU, haciendo realidad el famoso Vive le Québec libre del general De Gaulle.

Además, pese a esperarse lo contrario, la Ley de Claridad ha enfriado las ansias independentistas de la población. Hay que decir que en la norma se incluyen cuestiones como que Canadá puede ser desgajada, sí, pero Québec también. Es decir, que si un determinado departamento francófono no apoya la independencia, se mantendría en el seno de Canadá, lo que supondría un verdadero trauma para las fuerzas quebequenses.

Una tercera cuestión es que los llamados procesos soberanistas no son, por definición, eternos, ni mucho menos eternamente ascendentes, siempre en progresión. Se pueden dar estancamientos y hasta reflujos, como ha ocurrido en Québec y intentos fallidos como el sucedido recientemente en Escocia, tras un acelerado crecimiento del voto soberanista al SNC, tal vez poco asentado. En todo caso la posibilidad de un segundo referéndum sigue abierta.

Una última reflexión iría dirigida a los partidos y agentes soberanistas de nuestro país. Habría que decirles que hablen de Québec ahora, en las horas bajas de ese proceso, porque la reflexión puede traer buenas enseñanzas para acometer con más acierto nuestro proceso. Ya sabemos que es más agradecido hablar del suflé catalán, porque parece que allí están a un paso de lograrlo, pero es conveniente también observar lo que ocurre, con visión a largo plazo, en procesos que, en su día, parecían el camino a seguir, pero que hoy por hoy presentan graves dificultades para su pleno desarrollo. ⧫

Ley de Claridad (castellano)


  

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