2012/04/16

El inmovilismo puede costarle caro al PP

Mariano Rajoy
Se da por sabido que conflictos enquistados como el vasco no se resuelven en seis meses, plazo que cumplirá esta misma semana el anuncio de cese de actividades armadas de la organización clandestina ETA. Bien mirado, medio año es muy poco tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta que el Gobierno español, entre una cosa y otra, comenzó su andadura en enero y el francés es provisional, ya que son vísperas de elecciones presidenciales y legislativas.

También se daba por sabido que el camino a recorrer iba a ser duro, largo y díficil, y que si en estos años nada se le ha regalado al pueblo vasco, ni tan siquiera el estatuto del 36, es de esperar que de ahora en adelante tampoco se produzcan regalos, ni, por extensión, milagros.

Además, como ha recalcado por activa y por pasiva la izquierda abertzale, los pasos dados por el conjunto de ésta, han tenido un claro carácter unilateral. Eso quiere decir que no se han dado a cambio de, sino por la propia convicción de que eran necesarios para empezar a deconstruir el andamiaje del conflicto.

Hasta aquí todo está claro. Sin embargo, existe un concepto denominado lógica política, que no debemos desdeñar. Ese concepto nos dice que en un escenario determinado los contrincantes deben favorecer los pasos que el otro, quien está enfrente, toma en el camino del entendimiento. Lógico es pensar que si ETA ha cesado en su actividad armada, al parecer de modo irreversible, el Estado muestre sus buenas intenciones aflojando en su política de mano dura.

En estos seis meses no hemos constatado ningún movimiento en ese sentido, salvo la declaración del parlamento francés a favor del acercamiento de los presos a sus lugares de origen. Es más, el primer avance sobre los recursos por la aplicación de la llamada "doctrina Parot" han resultado un fiasco, ya que la gran mayoría de ellos ni tan siquiera han sido admitidos.

Ni se ha resuelto con lógica política el caso Bateragune, caso que nunca debía de haber existido; ni se han realizado movimientos en política penitenciaria en lo relativo a presos gravemente enfermos o suavización de la dispersión; ni se ha dado un paso al frente media la legalización del partido Sortu. El único signo de avance, implícito eso sí, es la severa reducción del número de escoltas.

Por si fuera poco, los sucesivos intentos de la izquierda abertzale por abrir cauces de comunicación discretos con el Partido Popular han resultado baldíos debido a la cerrazón del partido de gobierno en Madrid. Aún desconocemos si esa postura se debe a la tradicional prepotencia de la derecha o a miedo al linchamiento mediático. Al final van a hacer bueno al Aznar del MLNV,

A esa posición inamovible del PP se une la falta de interés mostrada por el PSOE, que aparte de meritorios posicionamientos individuales, está haciendo causa común con el partido de Rajoy, al entender que se trata de una posición de Estado y que es el Gobierno quien debe, en su caso, tomar iniciativas. El PNV, por su parte, está más centrado en las próximas elecciones parlamentarias en la CAPV, decisivas para su suerte a medio plazo, que en hacer alguna labor exploratoria en ese terreno. La visceralidad que muestran sus medios afines con respecto "al mundo de Batasuna", como es el caso de la emisora Onda Vasca, es la prueba del nueve.

Estamos, por tanto, ante una especie de guerra de posiciones, de guerra fría, en la que nadie mueve ficha. El Gobierno por convencimiento propio y la izquierda abertzale porque considera que ha movido unas cuantas con los resultados ya conocidos.

Ahora bien, algunos analistas fieles al Estado comienzan a mentar la bicha de que la continuidad de la política inmovilista por parte del PP se puede traducir en mayores apoyos electorales a la izquierda soberanista en los próximos comicios. Su principal temor es que la supuesta derrota de ETA se traduzca en una victoria electoral de Bildu-Amaiur. Seguir a pies juntillas los impagables consejos de Pedro J. Ramírez y Federico J. Losantos, en vez de escuchar el pálpito que se respira en las calles vascas, conlleva esos riesgos.

Estekak:

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