2011/11/16

Europa&Goldman&cía

Sede de Goldman Sachs en New York
Me he considerado siempre un europeísta tibio, escéptico, a favor de un continente en paz, sin armas nucleares, pero en contra de una Europa dominada por los intereses capitalistas de corto alcance. La actual crisis económico-financiera no ha hecho sino aumentar mi desconfianza con la Unión Europea, con todas sus inoperantes instituciones y con los gobiernos estatales más poderosos. La unión mercantil ha resultado insuficiente. O Europa da un paso al frente y se unifica fiscalmente, emitiendo deuda de forma unitaria y convergiendo mucho más en lo político, o no tiene futuro.

Lo que pasa es que, sabiendo que la solución pasa por fortalecer Europa y sus débiles instituciones, me temo que en tal supuesto habría que repensarse la vocación europeísta de muchos, entre ellas la mía particular. Una Europa que no respetase la personalidad de Euskal Herria, en aras a un mayor centralismo de Bruselas, no sería plato de buen gusto en este país, ni tan siquiera entre los jelkides que se enorgullecen de haber compartido mesa y mantel con los padres fundadores, en tiempos de la democracia cristiana. Y es que la soberanía fiscal desaparecería, sin duda alguna.

Sigo estimando el esfuerzo europeísta por superar los históricos conflictos interestatales que han daddo lugar a tantas guerras y disputas. A ese bagaje de entendimiento entre los pueblos me apunto sin recelo. Pero el espectáculo al que estamos asistiendo desde hace ya unos cuantos meses se está convirtiendo en insoportable. En estos momentos, en Europa nadie sabe qué hora es.

Para mayor abundamiento en el recelo, hoy se difunde en los medios un dato estremecedor. El recién estrenado presidente del BCE, Mario Draghi; el nuevo primer ministro italiano, Mario Monti y su homólogo griego, Lucas Papademos, coinciden en haber sido todos ellos altos ejecutivos del banco estadounidense de inversiones Goldman Sachs. Solo hay que recordar que la crisis actual viene derivada de aquella inicial, que surgió precisamente por la operativa fraudulenta de los bancos de inversiones de Estados Unidos, entre ellos Goldman Sachs. Por lo tanto, se ha puesto al frente de esas instituciones a personas procedentes del propio origen del problema.

Ante esta demostración de despotismo bancario, en la que los gobiernos surgidos de las urnas son sustituidos por otros de técnicos, en los que aparecen banqueros y militares, se hace necesario un serio replanteamiento de qué Europa queremos, qué Europa necesitamos e incluso si es el modelo actual de Unión Europea, dominado por Berlín y París, aceptable para los intereses mayoritarios del pueblo vasco. 


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