2007/10/09

Imágenes de un conflicto

Cada vez estoy más convencido de que los conflictos sociales, políticos, étnicos y de todo tipo se resuelven a favor o en contra dependiendo de la utilización de las imágenes que generan y de la difusión que se les dé. Durante muchos años el pueblo palestino ha podido soportar iniquidades sin cuento gracias a que las brutales imágenes del ejército israelita reprimiendo a los niños palestinos han dado la vuelta al mundo, cosechando una inmensa solidaridad.
En el conflicto vasco también se da una utilización interesada de las imágenes. En el anterior comentario tocaba de refilón el asunto. Los responsables de la mesa nacional de Batasuna eran introducidos en los coches policiales, esposados y con la cabeza doblada, presentándoles así ante la opinión pública como vulgares malhechores, o peor aún, como asesinos en potencia.

El atentado ocurrido hoy en Bilbo, con el resultado de un guardaespaldas herido y su coche incendiado mediante una explosión, también será visto en todas las televisiones y en internet por millones de personas. La imagen que va a quedar es la del sufrimiento causado por los autores de la acción, sin más explicaciones que situén el hecho en un contexto general. Aislado en sí mismo, se trata de una situación incomprensible y a eso es a lo que quiere llegar el sistema, en este caso, el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

La violencia estatal que impide la libre decisión de un pueblo, el más antiguo de Europa, es invisible a los ojos de buena parte de la opinión pública. Ellos se encargan bien de que así sea. En cambio, la violencia ejercida por quienes pretenden defender los derechos de ese pueblo, estén en lo cierto o se equivoquen de plano, que hay opiniones diversas al respecto, se reproduce hasta la náusea. De hecho, la quema de un cajero bancario o la pintura arrojada a un edificio público son ampliadas de forma geométrica para hacer ver que en Euskal Herria es imposible vivir, que la convivencia ha pasado a ser historia, que ante la persistencia del "infierno del norte" no queda otra alternativa que la mano dura contra el independentista, sea éste un pacífico ciudadano que exige que le atiendan en euskara en una oficina pública o el integrante de un comando armado.

Todo es lo mismo. La caza del independentista está abierta y nada más conocerse la explosión de Bilbo, Rajoy ya estaba pidiendo el encarcelamiento de Pernando Barrena, un representante político de una formación política, aunque a este lado de los Pirineos sea considerada ilegal. Se podría pedir, por la derecha carvernícola, que se persiga a los autores del hecho hasta el centro de la tierra, pero no a un líder político que nada tiene que ver con lo sucedido.

En ese sentido cabe destacar la "información", por llamarla de alguna manera, que publica el diario "Público" sobre los miembros de la dirección de Batasuna que todavía no han sido detenidos y encarcelados. Una información proveniente de la policía que demuestra el seguimiento constante al que han sido sometidos los miembros de esa dirección, en un ejemplo más de que considerar al Estado español como una democracia es poco menos que un chiste, humor negro en todo caso, como ha venido a reconocer el sacerdote irlandés Alec Reid.

Quiero añadir, para que nadie se exalte antes de tiempo, que considero lamentable que se produzcan acciones como la de este mediodía en La Peña, pero eso no quiere decir que me sume al coro de hipócritas que se rasgan las vestiduras hoy, mientras ayer aplaudían con devoción digna de mejor causa la detención de 23 ciudadanos navarros, a los que no se les ha requisado ninguna clase de arma, que se sepa, ni tan siquiera un abrecartas. Lo que se les ha sustraído han sido documentos y ordenadores, que por lo general se usan para expresar ideas.

No quisiera terminar sin hacer referencia a la última columna de Imanol Zubero en "El Correo", titulada "Los medios". En ella viene a decir que lo que se persigue por el Estado no son las ideas políticas independentistas, sino los medios violentos utilizados para defenderlas. No entiendo cómo se puede acomodar uno de forma tan torticera en el esqueleto del status quo y no sentir vergüenza. Zubero, que tuvo una trayectoria respetable en Gesto por la Paz, sabe perfectamente que los detenidos lo han sido por ser independentistas, sencillamente. No lo han sido por ejercer ningún tipo de violencia. Ahora bien, si como dice Garzón en su auto, defender el derecho de autodeterminación y la independencia es violencia, entonces estamos de acuerdo. El estado sólo persigue los medios y deja total libertad a las ideas, siempre y cuando no pongan en cuestión las fronteras de ese Estado. Desgraciadamente, aquí lo que se persigue son las ideas, señor Zubero, las ideas.

Foto: Ruiz de Azua, "Deia"

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